Aída Espinosa Torres
En un gesto histórico de reparación y memoria, el Congreso Mexicano declaró 2026 como el Año de Margarita Maza Parada, una figura clave en la construcción de la nación cuya contribución permaneció por décadas en la sombra.
La propuesta, impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum y respaldada por el Congreso, avanza como un acto institucional que busca devolverle a Maza Parada el lugar que le corresponde en la historia de México.
En una publicación del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, Raúl González Lezama aborda la vida y el impacto de Margarita Maza, esposa de Benito Juárez, en el contexto de la Reforma y la historia de México.
Margarita Maza nació el 28 de marzo de 1826 en Oaxaca. Fue adoptada por Antonio Maza y Petra Parada. Vivió en un periodo crucial de la historia de México, participando en eventos significativos que moldearon el país.
Su vida abarcó la Guerra contra Estados Unidos, la Revolución de Ayutla, la Guerra de Reforma y la Intervención Francesa. Las mujeres como ella jugaron un papel importante en la vida política, económica y social, a menudo asumiendo roles en el comercio y la agricultura durante las guerras.
En el siglo XIX, el país estaba marcado por la lucha entre liberales y conservadores. México se independizó en 1821, pero enfrentó inestabilidad política y social. La Iglesia y el Ejército mantuvieron privilegios significativos en la nueva República. La educación y la participación política comenzaron a cambiar con la llegada de los liberales al poder, al promover un Estado laico.
La educación de las mujeres en el siglo XIX era limitada y enfocada en prepararlas para roles domésticos. La educación formal era escasa, con un analfabetismo del 99.38% en la población. La educación era de mala calidad, con un enfoque en el catecismo y castigos severos. Benito Juárez abogó por la educación de la mujer, aunque esta seguía siendo muy básica.
También enfrentó desafíos significativos, impulsó cambios importantes hacia su inclusión en la sociedad. Se creó la Junta Directiva de Instrucción Primaria y Secundaria, que también abarcaba escuelas profesionales. María de Belem Méndez y Mora destacó la falta de educación adecuada para las mujeres, que las condenaba a la miseria.
El matrimonio en el siglo XIX reflejaba las normas sociales y religiosas de la época, con implicaciones significativas para las mujeres. Margarita Maza y Benito Juárez contrajeron matrimonio en 1843, con una diferencia de edad de 20 años. El matrimonio era considerado un sacramento y un contrato, regulado por el derecho canónico. Las mujeres debían obtener autorización de sus maridos para participar en actividades comerciales. La familia era vista como una comunidad bajo la autoridad del hombre, aunque Juárez tuvo hijos de una relación anterior.
La separación forzada de Benito Juárez llevó a Margarita Maza a enfrentar nuevos desafíos y a buscar su independencia. Juárez fue desterrado en 1853 por el régimen de Santa Anna, lo que llevó a Margarita a buscar refugio. Se vio obligada a trabajar para mantener a sus hijos, tejiendo ropa y estableciendo un pequeño negocio.
La correspondencia entre Margarita y Juárez fue interceptada, lo que complicó aún más su situación. A pesar de las dificultades, Margarita logró mantener a su familia y se convirtió en una figura resiliente.
La Reforma en México buscó abolir el Antiguo Régimen y establecer un estado moderno, con implicaciones para la sociedad y la mujer. La Ley Juárez de 1855 limitó los fueros eclesiásticos y militares, promoviendo la igualdad ante la ley. La Ley Lerdo de 1856 desamortizó propiedades de la Iglesia, permitiendo a los arrendatarios convertirse en propietarios. Las mujeres, aunque en menor proporción, también adquirieron propiedades a través de la desamortización. La Reforma buscó separar la Iglesia del Estado y otorgar derechos a los ciudadanos, incluyendo a las mujeres.
Las mexicanas del siglo XIX jugaron un papel más activo en la vida pública de lo que se suele reconocer. Mujeres como Margarita Maza asumieron roles importantes en la economía y la política durante las guerras. Su participación incluyó suplir a los hombres en trabajos en obrajes, comercio y agricultura. Durante los destierros, ellas se encargaron de los intereses familiares y mantuvieron la cohesión social.
La demora de la deuda externa lleva a la intervención francesa en México. La deuda con Inglaterra, Intervención francesa y sus consecuencias La demora de la deuda externa lleva a la intervención francesa en México. La deuda con Inglaterra, España y Francia sumaba 100 millones de pesos. La intervención se justifica como respuesta a la moratoria decretada por el gobierno mexicano. Juárez llama a la unidad para defender la independencia y la libertad del país.
La Batalla de Puebla del 5 de mayo de 1862 fue un triunfo significativo para el Ejército Republicano, con la participación de mujeres en la defensa. Ignacio Zaragoza lideró al Ejército de Oriente, derrotando al ejército francés. Mujeres como Guadalupe Prieto y Mariana Falcón apoyaron en hospitales militares. A pesar de la victoria en Puebla, los republicanos enfrentaron reveses en otros encuentros, pero la moral se mantuvo alta.
Las mujeres no solo apoyaron en hospitales, también participaron activamente en la recolección de fondos y en la fortificación de posiciones. Se formaron comités de mujeres para recolectar donativos y organizar eventos patrióticos. Más de 200 jóvenes poblanas se presentaron a trabajar en fortificaciones; mostraron fuerte compromiso patriótico. Las mujeres también organizaron conciertos y funciones teatrales para elevar la moral y recaudar fondos.
Ante el avance de las fuerzas francesas, Benito Juárez y su familia se exiliaron en Estados Unidos, enfrentando múltiples adversidades. Juárez se vio obligado a trasladar su gobierno a San Luis Potosí y luego a Saltillo. Margarita Maza, su esposa, sufrió la pérdida de dos hijos durante el exilio, lo que afectó su salud emocional. La familia se estableció en Nueva York, donde Margarita se involucró en actividades diplomáticas en favor de la causa republicana.
El apoyo de algunas mujeres al Imperio de Maximiliano fue visto como un signo de ingenuidad, pero también reflejó sus deseos de representación. La historiografía de la época a menudo descalificó a las mujeres que apoyaron al Imperio, considerándolas manipuladas o frívolas.
El gobierno de Maximiliano en México fue pionero en la inclusión de mujeres en la vida pública. Maximiliano y su esposa compartieron el poder, permitiendo a las mujeres de la corte tener un papel significativo. Las damas de honor en la corte eran vistas como símbolo de apoyo al régimen monárquico.
El Imperio de Maximiliano se debilitó rápidamente ante el avance de las fuerzas republicanas, que comenzaron a ganar victorias significativas. Maximiliano fue capturado y ejecutado el 19 de junio de 1867, lo que marcó el fin del Imperio. Margarita Maza regresó a México tras la caída del Imperio. Su retorno fue símbolo de la reconciliación nacional y la restauración de la República. A su llegada, fue recibida con entusiasmo en Veracruz y Puebla, pero no tuvo una recepción formal en la Ciudad de México. Se involucró en actividades educativas y de beneficencia tras su regreso. Falleció en 1871, dejando un legado de virtudes patrióticas. Su muerte fue sentida en todo el país, aunque no recibió un reconocimiento oficial del Congreso. Se destacó su papel como madre y esposa. Fue considerada un símbolo de la mujer mexicana. Su funeral tuvo gran asistencia de la población y figuras políticas.
El legado de Margarita Maza destaca por su papel en la historia de México. Se le ha reconocido como un modelo de virtudes hogareñas y cívicas. En 1966 su nombre fue inscrito en el Muro de Honor del Congreso. Ha sido reinterpretada como mujer activa y consciente de su entorno, más allá de los roles tradicionales.