Por Harumi Moreno Flores
En este mes de marzo, cuando se celebra el 220 natalicio de Benito Juárez, cabe destacar un dato curioso e interesante. Según registros del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México hay ocho municipios y 60 mil 148 calles que llevan el nombre del expresidente, cifra que refleja la permanencia de su legado histórico en el espacio público, urbano y territorial del país.
La presencia del nombre de Benito Juárez en vialidades, colonias y demarcaciones simboliza el reconocimiento institucional y social hacia una de las figuras más relevantes del siglo XIX, cuyo legado continúa como referente en la vida pública nacional.
De acuerdo con los datos difundidos por el organismo, en el estado de Guerrero se localiza un municipio llamado Benito Juárez, con una población de 15 mil 318 habitantes; en Oaxaca se encuentra Chiquihuitlán de Benito Juárez, donde viven 2 mil 251 personas, mientras que en Puebla está Tlacotepec de Benito Juárez, con 52 mil 508 habitantes.
Asimismo, Quintana Roo, Sonora, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas también cuentan con municipios que llevan el nombre del prócer, lo que evidencia por: el reconocimiento a su figura histórica.
En el caso de la Ciudad de México, está la alcaldía Benito Juárez, una de las demarcaciones más representativas de la capital del país y cuyo nombre forma parte del reconocimiento histórico al Benemérito de las Américas.
Escuelas, jardines, plazas comerciales, teatros, cines, mercados y demás espacios públicos tienen su nombre, a manera de homenaje permanente del pueblo de México a uno de los héroes nacionales más queridos.
Férreo defensor de la soberanía
Benito Juárez fue nombrado Benemérito de las Américas por su defensa de la soberanía e indepen
dencia nacionales frente a la intervención francesa (1862-1867), lo cual fue visto por otros países latinoamericanos como un triunfo contra el imperialismo europeo. Este título le fue otorgado por los congresos de Colombia (1865) y República Dominicana.
Benito Juárez nació el 21 de marzo de 1806 en San Pablo Guelatao, Oaxaca, y se convirtió en uno de los personajes más significativos de la vida pública mexicana. Fue gobernador de su estado natal, presidente de la Suprema Corte de Justicia y posteriormente presidente constitucional de México entre 1858 y 1872.
Durante su trayectoria política enfrentó los periodos más complejos del siglo XIX, como la Guerra de Reforma (1858–1861), conflicto derivado de la confrontación entre liberales y conservadores por el rumbo institucional del país.
Tras el triunfo liberal, su gobierno defendió el orden constitucional ante la Intervención Francesa y el establecimiento del Segundo Imperio encabezado por Maximiliano de Habsburgo. Juárez mantuvo la continuidad del gobierno hasta la restauración de la República, en 1867.
Entre sus principales aportaciones destacan la promoción de las Leyes de Reforma y el fortalecimiento del Estado laico, bases sobre las que se estructuró la República federal moderna. Estas disposiciones establecieron la separación entre Iglesia y Estado, así como la nacionalización de bienes eclesiásticos. En ese lapso se creó el Registro Civil y se garantizó la libertad de cultos.
Su papel en la transformación educativa fue mediante la Ley Orgánica de Instrucción Pública de 1867, que estableció la educación primaria obligatoria y gratuita, además de abrir espacios de educación secundaria para mujeres. Impulsó la modernización de la administración pública, la reorganización de la hacienda nacional y fomentó las comunicaciones y el transporte.
Su visión política y social, sintetizada en la frase “El respeto al derecho ajeno es la paz”, continúa como referente de la importancia que tienen la legalidad y la convivencia democrática.
A más de dos siglos, la presencia de su nombre en municipios, calles, alcaldías y espacios públicos del país confirma la permanencia de este legado histórico, político y social en la memoria colectiva de México.

Fuentes:
https://bit.ly/3OE0MF4
https://bit.ly/4cw73wt