Aída Espinosa Torres
Un hallazgo científico cambió la conversación sobre la depresión. Recientemente un estudio financiado por el National Institute of Mental Health (NIMH) replantea la manera en que entendemos y atendemos la depresión en adultos. La investigación revela que integrar el tratamiento de la depresión en el manejo de enfermedades crónicas (como diabetes o hipertensión) no solo mejora la salud emocional del paciente, también eleva el bienestar de sus familias.
Lo novedoso es que el beneficio va más allá del paciente. Tratar la depresión de manera conjunta con otros padecimientos tiene impacto comunitario y familiar, no únicamente individual. Esto abre la puerta a modelos de atención más integrales y sensibles.

La depresión continúa como uno de los desafíos más urgentes de la salud pública global. Este 13 de enero de 2026, Día Mundial de la Depresión, especialistas y organismos internacionales recuerdan que millones de personas viven en silencio con este trastorno; enfrentan barreras sociales, económicas y culturales que dificultan su atención.
Hablar de la depresión implica un tema médico, cultural y social. Reconocerlo así lo convierte en una responsabilidad colectiva para visibilizar un problema que exige políticas integrales, mayor empatía y el compromiso de reducir el estigma.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que alrededor de 280 millones de personas en el mundo padecen depresión. Es más frecuente en mujeres que en varones, aunque también los jóvenes y adultos mayores figuran entre los grupos vulnerables. Se estima que el 4% de la población mundial es depresiva, lo que refleja su impacto transversal en sociedades diversas y en distintos contextos culturales.
En México, de acuerdo con datos de la Secretaría de Salud del gobierno federal, 3.6 millones de adultos la padecen; el 1 % de esta cantidad son casos severos. Esta condición se caracteriza principalmente por disminución del estado de ánimo, sentimientos de tristeza, dificultad de concentración y alteraciones en el sueño y apetito. Puede suceder que estos síntomas se somatizan y se convierten en dolor, hormigueo o rigidez muscular.
Especialistas advierten que la depresión no solo repercute en la salud individual, sino también en la vida familiar, laboral y comunitaria. Ocasiona disminución de la productividad y aumenta el riesgo de suicidio. Por ello, organismos internacionales y gobiernos coinciden en la necesidad de fortalecer políticas públicas de salud mental, ampliar el acceso a servicios especializados y reducir el estigma que rodea a quienes enfrentan este padecimiento.
Las últimas encuestas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y los registros de la Secretaría de Salud muestran una serie de porcentajes inéditos, con un impacto mayor en las mujeres. Advierten que entender las cifras y su impacto social es un paso clave para impulsar políticas específicas más sólidas.
Los datos oficiales confirman que la demanda en cuanto a la ayuda profesional se ha disparado. El Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica registró casi 400,000 consultas por depresión y ansiedad durante 2024, lo que equivale a más de mil atenciones diarias.
La Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado 2024 reveló que el 17% de los adultos aducen síntomas depresivos y 21% refieren ansiedad moderada o severa. Además, el número de suicidios ascendió a 8,837 en 2023, la cifra más alta desde que INEGI lleva el registro. Cada uno de estos indicadores confirman que la salud mental ya es una prioridad.
En México, la depresión puede ser una causa justificante de salud y dar lugar a incapacidades laborales, tanto temporales como permanentes, siempre que esté debidamente diagnosticada y certificada por un médico. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) reconoce que la depresión es un trastorno que puede afectar la capacidad laboral.
La depresión es un trastorno de salud mental. Se caracteriza principalmente por el bajo estado de ánimo y la pérdida de interés o placer en actividades habituales. Puede presentarse a cualquier edad, aunque es más común en mujeres y su manifestación varía según la persona y la gravedad del cuadro.
Puede relacionarse con cambios hormonales, alteraciones en los neurotransmisores, factores genéticos y, en algunos casos, debido a problemas de salud física que agravan los síntomas. Los especialistas subrayan que la depresión no es tristeza pasajera ni reacción normal ante dificultades cotidianas. Es una enfermedad que no debe interpretarse como debilidad.
Cuando se prolonga o intensifica ocasiona un problema de salud serio; limita las actividades en el hogar, el trabajo o la escuela. Puede volverse crónica o recurrente y, en sus formas más graves, incidir en el riesgo de suicidio.
Hay diversas señales que indican la presencia de la depresión y pueden ayudar a diferenciarla de otros estados anímicos comunes, lo que facilita la decisión de pedir ayuda al centro de salud de referencia.

Principales síntomas:
Señales de alarma:
Fuente: Salud 360. Web médica acreditada
De acuerdo con un estudio reciente, en el que se analizaron a 14 mil personas, correr, caminar, practicar yoga o bailar reduce drásticamente los síntomas depresivos, con una eficacia comparable a los fármacos o la terapia psicológica. Hacer ejercicio reduce 60 % los síntomas de depresión.
La salud mental no depende únicamente de medicamentos o de consultorios. También se construye al aire libre, en parques, gimnasios o el patio de la casa, en cualquier espacio donde tu cuerpo se active.
El ejercicio transforma el cerebro, impulsa la creación de nuevas neuronas, fortalece las conexiones que regulan las emociones y activa la plasticidad del sistema nervioso, creando una base biológica más resistente a recaídas. En esencia: más fuerza, más resiliencia, más salud.
La evidencia es sólida. Al analizar a más de 14,000 personas en 218 ensayos clínicos, investigadores confirmaron que los síntomas de depresión caen hasta 60% con rutinas que van desde caminar hasta levantar pesas.
Advierten que la diferencia está en la intensidad. Cuanto más exigente es el entrenamiento, mayor es la mejoría en los síntomas. No todas las actividades tienen el mismo impacto: yoga y fuerza destacan porque, además de ser eficaces, logran mayor adherencia y menos abandonos que otras modalidades. También una clave importante es la constancia: el efecto del ejercicio no se sostiene con una práctica aislada, sino con la repetición que convierte la actividad en hábito.
La salud mental se construye en movimiento. Lo central está en elegir actividades que requieran constancia. El ejercicio como hábito cotidiano abre una vía poderosa, accesible y sostenible para el bienestar de millones de personas.
