Juventina Bahena
Felipe Carrillo Puerto es un claro ejemplo de congruencia política porque abrevó de la teoría marxista que luego llevó a la praxis. La justicia social y los cambios de régimen no se dan desde la academia sino a partir de las condiciones materiales de injusticia y abuso de poder; desde muy joven, estuvo convencido de que las condiciones de igualdad se obtendrían por la vía del socialismo, pero no concretó sus ideas en charlas de café sino en la experiencia de la revolución y el reparto de tierras emprendido por Emiliano Zapata en Morelos. Con ese bagaje llevó a cabo una política social progresista durante el muy corto periodo de su gobierno. No tuvo tiempo de llegar a más. Fue fusilado el 3 de enero de 1924, no por sus ideas, sino por motivos más mezquinos.
El joven Felipe Carrillo trabajaba en el ferrocarril y gastaba parte de su salario en libros y revistas que publicaban textos sobre la teoría marxista; en parte, los textos le interpretaban su experiencia de primera mano con la explotación del pueblo maya en Yucatán, y ello lo impulsó a defender los derechos de las comunidades y los derechos laborales de los trabajadores henequeneros.
Nació en Motul, Yucatán. Ahí estuvo en contacto directo con un pueblo víctima de la injusticia y explotación por parte de la “casta divina”. Este grupo de élite obtuvo su poderío económico con la explotación de los mayas que trabajaban en las haciendas henequeneras.
La miseria, el abuso y la injusticia le duelen a la víctima, pero también lastima a quien la observa y el joven socialista, ante la marginación y desamparo del pueblo maya, comenzó antes de 1910 a denunciar los abusos en el periódico local “El Heraldo de Motul”, editado por él. Comenzaron las incursiones a prisión; la primera, a los 18 años, por exhortar al pueblo a derribar una cerca construida por los hacendados de Dzununcan para impedir el paso de los indígenas mayas.
No fue imparcial o neutral, menos apolítico y era lógico que tomara partido en el movimiento revolucionario de principios del siglo pasado, así que en 1911 se unió al maderismo, pero regresó a la cárcel acusado de asesinato al matar a su agresor en defensa propia ante el atentado perpetrado por sus enemigos. Recluido en la penitenciaría Juárez, de Mérida, se dedicó a traducir al maya la Constitución de 1857 para que los indígenas conocieran sus derechos.
En marzo de 1913 fue puesto en libertad cuando Venustiano Carranza se levantó en armas y Carrillo unió al zapatismo. Como coronel del Ejército del Sur participó activamente en las comisiones agrarias y en el reparto de tierras. Las ideas socializantes del yucateco tuvieron su validación en la praxis de la reforma agraria zapatista. Ahí se consolidó su convicción de la necesaria transformación social en su tierra.
De regreso a su estado, dos años más tarde, se unió al general constitucionalista Salvador Alvarado (gobernó la entidad de 1915 a 1917) con quien compartía las mismas ideas de justicia social y juntos impulsaron leyes laborales y agrarias. De hecho, Alvarado publicó la Convocatoria para el Congreso Feminista realizado en Mérida. Destacan los temas sociales y educativos de la mujer, y en la Convocatoria para el Primer Congreso Feminista Nacional celebrado al año siguiente, se trataron temas de educación, el voto de la mujer en las elecciones municipales, el divorcio y la educación de los hijos.
Con una tendencia decididamente socialista, Carrillo promovió la fundación de la Unión Obrera de Ferrocarriles y el Partido Socialista Obrero de Yucatán en marzo de 1917. Organizó a los indígenas productores de chicle de la zona maya de Quintana Roo, para eliminar a los intermediarios y exigir mejores precios a las compañías extranjeras. De noviembre a diciembre de 1918 ocupó el cargo de gobernador interino al mismo tiempo que presidió la Comisión Reguladora del Henequén. Un año más tarde, perseguido por las autoridades carrancistas, huyó a Zacatecas.
Cuando regresó en 1920, se unió al Plan de Agua Prieta en apoyo de Álvaro Obregón para la presidencia de la República y convocó al Partido Socialista Obrero que al reorganizarse cambió su nombre a Partido Socialista del Sureste. Dos años después, fue nominado por esa organización política como candidato a la gubernatura del estado, cargo que asumió el 1 de febrero de 1922 para un periodo de cuatro años. Prometió cumplir y hacer cumplir la Constitución federal, la local y las resoluciones adoptadas en los Congresos Obreros de Motul e Izamal.
Durante su mandato otorgó todos los derechos políticos a la mujer, para votar y ser votadas. Rosa Torres y Genoveva Pérez fueron las primeras mujeres en la historia de México que ocuparon puestos de elección popular. También estableció la revocación de los funcionarios de elección popular cuando fuera solicitada por el mismo pueblo.
“Promulgó leyes de Previsión Social, del Trabajo, del Inquilinato, del Divorcio, de Expropiación por causa de utilidad pública. Creó ligas feministas, combatió el alcoholismo y el fanatismo religioso; estableció servicios médicos y jurídicos gratuitos, celebró torneos pedagógicos; fijó un impuesto al culto católico; estableció los bautizos socialistas y las bodas comunitarias, así como la promoción del control natal; fijó el salario mínimo en la ciudad de Mérida, creando cooperativas de producción y consumo; e inició programas de socialización de la riqueza pública.”
Durante su mandato, se instaló en Mérida la Liga Feminista “Rita Cetina Gutiérrez” y su organización en 45 Ligas de Resistencia en distintas poblaciones -24 de Mayo de 1923- con un total de 56 mil 614 mujeres que trabajan para mantener su hogar.
Su gobierno fue muy breve, pues sólo duró un año y ocho meses, tiempo suficiente para otorgar todos los derechos políticos a la mujer para votar y ser votada, declaró de interés público la industria henequenera, organizó la Comisión Exportadora de Yucatán e impulsó la Liga de Medianos y Pequeños Productores de Henequén.
También reactivó el reparto de tierras, fundó la Comisión Local Agraria y socializó la producción de los ejidos. Asimismo, fundó diversas escuelas socialistas, creó la Academia Mexicana de la Lengua Maya y la Universidad del Sureste.
El gobierno de Carrillo fue un experimento de reivindicaciones socialistas a nivel local, mientras al otro lado del mundo se escenificaba la Revolución Rusa de 1917, para derrocar al régimen zarista que concluyó en la creación del primer Estado socialista del mundo. En 1922 nació la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), la Unión Soviética. Simultáneamente, Felipe Carrillo Puerto iniciaba su gobierno con reformas socialistas. Su proyecto duró apenas año y medio.
Los cambios de régimen casi siempre se originan en la precariedad de la población y en la Rusia zarista había una pobreza extrema del 80% de la población campesina, mientras que los obreros urbanos sufrían condiciones laborales extremas, bajo un régimen autocrático de poder absoluto, apoyado por la burocracia y el ejército.
En México, las condiciones de pobreza no eran tan diferentes a las de la Rusia zarista. Carrillo, definitivamente estaba al tanto de lo que estaba sucediendo al otro lado del mundo porque hubo un momento en que radicalizó su discurso y usó la radio “La Voz del Gran Partido Socialista” para difundir sus ideas.
“Si los comerciantes acaparan los víveres y a ustedes les falta el pan, pues a ir a las tiendas, a demoler las puertas y saquear todas las existencias. Dinamitemos la Cámara de Diputados, exterminemos cuanto antes el Senado y acabemos con la Suprema Corte. Ya no más manifestaciones pacíficas. Ya no más palabrería, lo que el pueblo necesita es imponerse. Hay, pues, que poner en práctica los principios bolcheviques. Hagamos ondear la bandera roja de las reivindicaciones”.
A dos años de su gobierno, Felipe Carrillo enfrentaba en su propio estado la rebelión de Adolfo de la Huerta contra el presidente Álvaro Obregón, sin embargo, debido a la superioridad de los rebeldes tuvo que huir. Fue capturado por los insurrectos liderados por el Partido Cooperativista en Holbox, Quintana Roo, el 21 de diciembre de 1923 y fusilado el 3 de enero de 1924, junto a once personas más, entre ellos tres de sus hermanos.
Once meses duró el idilio de Carrillo Puerto con la periodista norteamericana de 34 años, Alma Marie Sullivan Reed, a quien conoció en febrero de 1923. Su romance inspiró la canción “Peregrina”. Reed había nacido en San Francisco; desde muy joven alcanzó reconocimiento por salvar la vida de Simón Ruiz, adolescente mexicano acusado de asesinato, y con ello logró que las autoridades californianas prohibieran la ejecución de menores.
Había venido a México para cubrir la expedición a Yucatán en honor del arqueólogo Edward Thompson, a quién la periodista denunció como saqueador de valiosos tesoros mayas para el museo Peabody de Boston. Alma Reed y Carrillo Puerto se conocieron a la orilla de uno de los cenotes saqueados.
La propia Alma escribió en sus memorias (Peregrina, mi idilio socialista con Felipe Carrillo Puerto):
No sólo instituyó el tipo de gobierno más moderno, sino el sistema económico y los métodos educativos más avanzados que hasta entonces se conocían en México. Organizó y mantuvo la primera clínica de control natal en todo el Nuevo Mundo (bajo el auspicio del Estado); fundó una universidad en la que prevalecía la filosofía humanista; construyó pueblos prototipo con caminos para hacer que los campesinos pudieran trasladar fácilmente sus productos al mercado. Además, su programa fue de gran importancia porque era de carácter internacional. Pretendía, por medio de un atajo educativo, elevar a los millones de la tierra a un punto en el que pudieran competir con una civilización compleja. Para empezar, descartó la educación victoriana y planeó enseñar a esos millones a los que llamaba inarticulados –gente sin periódicos ni radios- lo esencial de la vida moderna: higiene, ciencia básica, etc., para darles la oportunidad de vivir una vida plena y productiva”.
Felipe Carrillo se adelantó a su tiempo pues, independientemente de que intentara construir un régimen socialista en su tierra, buscó e instituyó obras y políticas públicas profundamente humanistas y de justicia social que difícilmente se consolidarían a nivel local, dentro de un Estado aún convulsionado por las secuelas de una revolución que plasmó sus reivindicaciones sociales en la Constitución, pero que distaba mucho de concretarlas en los hechos.