Diputado Jonathan Puertos
Soy Jonathan Puertos. Nací el 27 de febrero de 1995 en la Cruz Roja de Orizaba, pero mis raíces, mi historia y mi identidad pertenecen a Tlilapan, el lugar donde crecí, donde aprendí a trabajar y donde descubrí el verdadero sentido del servicio a la gente. Mi infancia transcurrió en la calle Constitución, en la casa de mi mamá, entre tardes de juegos con Enrique, Isair, Juan, Bruno, Vicente, Ángel y mi hermano Omar.
Ahí, entre retas de fútbol, travesuras y carreras después de tocar timbres, entendí el valor de la amistad, la comunidad y también ese carácter terco que me hacía, cuando me enojaba, llevarme mi balón y hasta al portero. Desde pequeño, los valores que me guiaron fueron el respeto, el trabajo y la perseverancia.
Todo eso lo aprendí de mi mamá, una mujer fuerte que fue madre soltera de tres hijos y que, en 2014, se convirtió en síndica de nuestro municipio. Ella me enseñó que el servicio público no empieza en una oficina, sino en la disposición de ayudar. Siempre tenía un plato de comida o un café para quien bajaba desde la comunidad, sin importar la hora. Su casa era refugio, y su trato humilde y cercano marcó mi manera de entender la política: las puertas deben estar abiertas y la atención a la gente nunca se puede negar.
Mi camino en el servicio público comenzó también en 2014, cuando participé en una mesa juvenil convocada por la entonces candidata a diputada federal, Lilian Zepahua García. Levanté la voz para hablar de la necesidad de contar con espacios deportivos en Tlilapan y, al verme expresarme, me invitó a integrarme a su equipo. Desde entonces no me he separado de esta vocación que ha sido, más que una carrera, una forma devida.
Con el paso del tiempo trabajé como auxiliar en distintos ayuntamientos de la sierra: en Tequila, Astacinga, Altamirano, Tehuipango y más tarde en Zongolica. Cada experiencia me permitió conocer de cerca los retos de nuestras comunidades, entender sus carencias y confirmar que el servicio público es un compromiso permanente.
El reto más grande que he enfrentado no fue político; fue terminar la secundaria. Esa experiencia me enseñó que nada se logra sin disciplina y que la constancia, incluso en los momentos más difíciles, siempre abre caminos. Hoy tengo el honor de ser diputado federal y representar un distrito tan diverso y extenso como el de Zongolica, con 25 municipios y 114 comunidades indígenas.
Desde la Cámara de Diputados formo parte de la Comisión de Asuntos Migratorios; de la Comisión de Pueblos Indígenas y Afromexicanos; y de la Comisión de Infraestructura, espacios desde los que trabajo diariamente para responder a las necesidades más urgentes de nuestra región. Mis metas legislativas nacen de lo que he vivido en la sierra.
Quiero impulsar infraestructura que acerque a nuestras comunidades, porque sé que un camino puede cambiar vidas: permite llegar a un hospital a tiempo, facilita que los jóvenes puedan estudiar y abre oportunidades donde antes solo había aislamiento. También me mueve la defensa de los derechos de los pueblos indígenas y afromexicanos, porque represento un territorio con una riqueza cultural inmensa que merece ser reconocida, protegida y respetada.
Desde el ámbito migratorio busco promover una perspectiva humana que garantice seguridad, trato digno y oportunidades para quienes salen en busca de un futuro mejor, y al mismo tiempo fortalecer las condiciones de origen para que migrar no sea una necesidad obligada. Representar a Veracruz en la Cámara de Diputados es una experiencia que todavía me sorprende. A veces cierro los ojos y me veo de niño, chiquito, gordito y con chanclitas, caminando por las calles polvorientas de mi pueblo.
Nunca imaginé que un día estaría aquí, hablando por más de 320 mil electores del distrito de Zongolica y defendiendo las causas que nos unen como región. Cada decisión que tomo busca honrar a mi familia, a mi comunidad y a mis raíces serranas. A las nuevas generaciones les digo que no se desesperen y que confíen en el trabajo constante.
Yo soñé con ser el presidente municipal más joven de mi pueblo; a los 22 años no se me dio, y a los 30 tampoco. Pero la vida tenía otro camino para mí: convertirme en el primer diputado federal de Tlilapan y en el diputado más joven en la historia de mi distrito. Mi historia está hecha de trabajo, esfuerzo y de la convicción profunda de que, aunque no podamos cambiar el mundo entero, transformar la vida de una sola persona ya hace que todo valga la pena.
Porque cuando uno conoce sus raíces, entiende que cada paso tiene un propósito. Hoy sé que no camino solo: camino con mi pueblo, con sus sueños, con su historia y con todo lo que anhela ser. Y mientras tenga la oportunidad de servir, seguiré demostrando que los sueños sí se cumplen, pero solamente para quienes están dispuestos a levantarse una y otra vez hasta lograrlos.
