Ángel Luna Medina
El 24 de agosto de 1899 nació un orgullo de la literatura universal, Jorge Luis Borges. Niño prodigio, a los cuatro añitos ya sabía leer y escribir. A la edad de 6 años anunció su vocación de escritor a sus padres y a los 10 publicó su primera obra. Un genio en el oficio misterioso de escribir. Pero no fue Nobel.
Borges, escritor fundamental del siglo XX, murió el 14 de junio de 1986. Durante sus 86 años de vida recibió innumerables distinciones, como el Premio Cervantes. Sin embargo, a pesar de sus altos méritos artísticos, jamás fue tocado por la gloria del Premio Nobel de Literatura.
Jorge Luis Borges siempre figuró en las listas anuales de candidatos al Nobel; sin embargo, a pesar de su fama internacional y de su brillante trayectoria literaria nunca le otorgaron ese honor. La leyenda cuenta que fue por razones políticas.
Cada año, en octubre, emerge la fiebre por un valioso galardón: el Premio Nobel de Literatura.
En Suecia, en la Academia Sueca, la suerte y el azar son como dos vecinos más de la ciudad. Un golpe de fortuna cambia para siempre la vida del ganador del Nobel. Pero todo depende de la voluntad de los integrantes académicos.
Brillantes escritores murieron sin el Premio Nobel de Literatura. Un caso notable es León Tolstói. La Guerra y paz es de las más grandes novelas de todos los tiempos, por su dimensión espiritual (destila filosofía, búsqueda de la verdad, distinguir entre el bien y el mal). Esta obra magistral tiene traducciones y reimpresiones en el mundo entero.
En cambio, hay escritores que sí lo obtuvieron, pero su obra palidece ante la de León Tolstói. Además, las nuevas generaciones ni los conocen, a pesar del galardón.
En 1901 se entregó el primer Premio Nobel de Literatura a Sully Prudhomme; ese año otro candidato fue Tolstói. En 2025 sigue resplandeciendo el autor de Ana Karenina.
Por otra parte, en México tenemos el caso del escritor Carlos Fuentes, uno de los titanes del llamado boom latinoamericano, junto con Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar. Fuentes, autor de La Región más transparente, vivió
años esperando el anhelado reconocimiento internacional. Octavio Paz es el único victorioso escritor mexicano que es Premio Nobel de Literatura 1990.
Así fue el destino del argentino Jorge Luis Borges: ser eterno candidato al Premio Nobel de Literatura. Aunque dejaron una huella imborrable las poesías, relatos, ensayos y cuentos de Borges, autor de Ficciones, El Aleph, El jardín de senderos que se bifurcan, La biblioteca de Babel, entre otras grandes obras.
En 1976 Jorge Luis Borges fue invitado a Chile, en plena dictadura del general Augusto Pinochet, quien el 11 de septiembre de 1973 encabezó el golpe de Estado que derrocó al presidente socialista Salvador Allende.
Borges cometió el error de elogiar al represor chileno, al calificarlo de "excelente persona", destacando su "cordialidad y bondad".
En 2016, María Kodama, viuda del escritor, declaró que Borges no fue invitado por Pinochet, sino por la Universidad de Chile, institución que le otorgó un doctorado Honoris causa, al escritor argentino. El dictador, por protocolo, fue quien le entregó personalmente el diploma.
Borges, el mejor lector del universo
Califican a Jorge Luis Borges, como un lector indomable. Él presumía: otros se jactan de los libros que han escrito, yo me enorgullezco de los libros que he leído.
Todos reconocen a Borges como gran lector; el hombre que leía cantidad y calidad.
La leyenda cuenta: a los nueve años ya traducía del inglés El príncipe feliz, de Oscar Wilde.
En sus últimos años de vida, estaba prácticamente ciego antes de morir. Pero, Borges, con una lupa, trataba de leer las páginas de algún libro, cuando ya la ceguera lo acompañaba.
Dicen que una obra se vuelve muda e inerte cuando queda huérfana de lectores. Y que hay autores con afán de publicar, de seducir a lectores, de conquistar públicos masivos; sin embargo, sus libros sólo besarán la soledad de las bodegas editoriales.
Jamás besado por la gloria del Premio Nobel de Literatura, pero Jorge Luis Borges sigue cautivando a los lectores, de viejas y nuevas generaciones.