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Federico García Lorca, la constelación de artistas que murieron por un ideal


Luz María Mondragón

El 5 de junio de 1898 nació el poeta Federico García Lorca, en Fuente Vaqueros, un pueblo andaluz.  En una España inflamada, el escritor murió en sus llamas.  La tarde del 16 de agosto de 1936, fue detenido. Fue llevado al pueblo de Víznar, a  una cárcel improvisada, y lo fusilaron el amanecer del 18 de agosto.
García Lorca, con una mano empuñaba la pluma y con la otra las armas de los  ideales. Fue poeta, músico, dramaturgo y guerrero.

Su nacimiento en ese pueblo andaluz, su ambiente rural, afectó a su obra. En sus poemas y dramas se revela como agudo observador del habla, de la música y de las costumbres de esta sociedad española del campo.

Decía: Amo a la tierra. Me siento ligado a ella en todas mis emociones. Mis más lejanos recuerdos de niño tienen sabor de tierra. Los bichos de la tierra, los animales, las gentes campesinas, tienen sugestiones que llegan a muy pocos. Yo las capto ahora con el mismo espíritu de mis años infantiles. De lo contrario, no hubiera podido escribir Bodas de sangre.
Ese ambiente refulge en su obra. Está descrito con exactitud, llega a convertirse en un espacio imaginario donde se da expresión a todas las inquietudes más profundas del corazón humano: el deseo, el amor y la muerte, el misterio de la identidad y el milagro de la creación artística.

La poesía y la literatura no lo hechizaron, inicialmente. Durante su adolescencia Federico García Lorca sintió más afinidad por la música. Y de niño le fascinó el teatro. En la Universidad de Granada, se matriculó en un curso de acceso a las carreras de Filosofía y Letras y de Derecho. El ambiente intelectual que rodeaba al joven estudiante era de una riqueza sorprendente para una ciudad provinciana. Después, en Madrid, se hizo amigo de Luis Buñuel, de Rafael Alberti y de Salvador Dalí. Incluso el pintor alentó al granadino en su esfuerzo por comprender la pintura moderna.

La estética de Dalí le sirvió a Federico como estímulo cuando empezaba a cultivar, a partir de 1927, una poesía de “evasión”, en la que se daba menos importancia a la metáfora que a lo que Federico llamó -sirviéndose de la expresión de Salvador Dalí- el “hecho poético”: la imagen que pretende “evadirse” de cualquier explicación racional.

Entre 1924 y 1927 Federico García Lorca llegó a su madurez como poeta, atento al arte del pasado y formando parte de uno de los grupos poéticos, en palabras suyas, “más importantes de Europa, por no decir el más importante de todos”.

En la primavera de 1929 Federico se trasladó a Nueva York. Fue una de las experiencias más útiles de su vida. Los nueve meses que pasó cambiaron su visión de sí mismo y de su arte. Entre otros titanes, leyó a Walt Whitman y a T. S. Eliot. Y se  dedicó a escribir uno de los libros más importantes de su obra:  Poeta en Nueva York.

En mayo de 1936 la situación política en Madrid, y en toda España, se volvió  insostenible. Crecía el rumor de un golpe militar y en las calles de la capital se vivieron numerosos actos de violencia, desde la quema de iglesias hasta los asesinatos políticos.

La tarde del 16 de agosto de 1936, Lorca fue detenido. El poeta fue llevado al pueblo de Víznar.  Después de pasar la noche en una cárcel improvisada, lo trasladaron en un camión hasta un lugar en la carretera, donde lo fusilaron antes del amanecer del 18 de agosto de 1936.

Secretos de una obra maestra, Poeta en Nueva York

Poeta en Nueva York (1940) es una obra icónica y enigmática. Si tratáramos de desentrañar los secretos ocultos que yacen entre sus versos, encontramos el impacto de la ciudad de Nueva York en el autor, quien usa la poesía como una forma de denuncia social.

Este poemario refleja la angustia y el desencanto del poeta ante la sociedad industrializada y capitalista de la época. A través de imágenes surrealistas y un lenguaje poético cargado de simbolismo, Lorca denuncia la opresión, la injusticia y la soledad del individuo en Nueva York, epitome de la modernidad en el planeta Tierra.

También reflexiona sobre la condición humana y la búsqueda de la identidad en un mundo cada vez más deshumanizado; los valores y las estructuras que la sustentan  revelan la sensibilidad y la rebeldía de un poeta comprometido con su tiempo, que supo plasmar en sus versos la angustia y la desesperanza de una época convulsa.

Las temáticas principales son: la alienación y la deshumanización en la sociedad moderna. A lo largo de los poemas, se retrata una ciudad fría y hostil, donde los individuos se sienten perdidos y desconectados de su entorno. El autor utiliza una amplia gama de símbolos para transmitir sus ideas y emociones de una manera profunda y evocadora.

La ciudad se convierte en un símbolo de la modernidad, pero también de una  sociedad fría y despiadada.


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