/ Noticámara


news

Rescatando a la revolucionaria Carmen Serdán, la heroína desconocida


Ángel Luna Medina

Todavía es necesario reescribir páginas de la historia de México. Arrojar luz sobre décadas de oscuridad en que ha prevalecido un canon machista que enaltece la participación de héroes en distintas gestas históricas. Pero que, por años, ha invisibilizado la participación de las heroínas.

Sí hay una deuda histórica con muchas heroínas desconocidas. Ellas han pasado demasiado tiempo en la oscuridad de los cajones del olvido de la historia, sin reconocer su legado.

El estudio de la épica nacional requiere un enfoque con perspectiva de género para descubrir una mirada histórica más igualitaria, porque sí hay leyendas en las que las mujeres son protagonistas.

Este 21 de agosto es el 77 aniversario luctuoso de Carmen Serdán Alatriste, quien murió en 1948. Valiente mujer revolucionaria que luchó en contra de la dictadura de Porfirio Díaz. Engrosó las filas del movimiento antirreeleccionista, colaboró en la prensa escrita y ayudó a la acumulación de pertrechos para la Revolución de 1910.

Tiempo de heroínas

Desde los tiempos antiguos se cantan las hazañas de los héroes, como Prometeo que desafió a los dioses y robó el fuego para bien de la humanidad. Los espíritus indómitos se manifiestan de extrañas maneras en todas las épocas, los idealistas existen desde siempre.

En el régimen de Porfirio Díaz también germinaron los ideales de mujeres que impulsaron la Revolución de 1910. Ellas son menos conocidas y populares que sus compañeros de causa. Es el caso de Carmen Serdán, quien luchó igual que sus hermanos Aquiles y Máximo.

Carmen fue una aparición insólita en la conservadora Puebla. Era una mujer sin el corsé del horizonte localista profundamente conservador en el que vivía. Ella era una rareza, no era cautiva de las costumbres de su tiempo.

Este aniversario luctuoso rescata del olvido a esta singular revolucionaria que alumbró el inicio de la epopeya mexicana de 1910.

Vivía en la calle Santa Clara, en la capital poblana. Vida comprometida, como un Quijote moderno, entregada a un ideal: la causa contra el tirano Porfirio Díaz.

Maurice Joly dice que el secreto principal de un gobierno autoritario es debilitar el espíritu público, hasta el punto de desinteresarlo por completo en las ideas y los principios con los que se hacen las revoluciones.

Mas en la casa de la familia Serdán habitaba una tenaz resistencia a la dictadura y a su élite, los dueños del poder. En Carmen dominaba la conciencia social. Participaba en misteriosas reuniones clandestinas. Leía literatura subversiva, se preparaba, hablaba y respiraba la sublevación.

Carmen luchó contra la dictadura de Diaz, su opresión, la insensibilidad, sus horrores. Fue una época en la que sólo se toleraban verdades oficiales. Quienes no estaban de acuerdo amanecían tirados en las banquetas o colgados de los pirules. Morían periodistas que no sucumbían a su nómina y mandato. Se clausuraban y quemaban periódicos.

Desaparecía la palabra y voz disidentes. Crecía la persecución. El destierro a las siniestras tinieblas infernales de Valle Nacional y de le cárcel de Belén, donde sólo florecían flores del mal: tuberculosis, lepra, hambruna…

La prensa extranjera prodigaba elogios al dictador. Cómo no, si entregaba la riqueza nacional (minas, ferrocarriles, petróleo) a los amos del universo: las transnacionales.

Carmen fue un espíritu atrevido. Alistaba la Revolución de 1910. Pero los golpes del destino aparecieron. Inesperada llegó la traición. Un delator denunció a los hermanos Serdán. La furia del régimen tiñó de sangre la casa familiar, el 18 de noviembre de 1910.

Los Serdán enfrentaron el ataque sin rendirse. Paladines solitarios cayeron valerosamente. La joven heroína subió hasta el balcón de su casa y arengó al pueblo: “¡Es la revolución, no permanezcáis más de rodillas!”. Sin embargo, temerosa, la gente se alejó. Nadie acudió en ayuda de los hermanos. Moribundo, Máximo expiró en brazos de Carmen. Parecían La Piedad, de Miguel Ángel.

Carmen, su madre y la esposa e hijos pequeños de Aquiles fueron llevados a la cárcel. 48 horas después, estalló la Revolución de 1910.


Notas relacionadas