Luz María Mondragón
La Cámara de Diputados está de luto. El martes falleció la legisladora veracruzana María del Carmen Pinete Vargas, vicepresidenta de la Mesa Directiva.
Las y los diputados aparcaron sus diferencias y sus batallas ideológicas. Sin importar colores partidistas, se unieron en un sentimiento fraterno para expresar sus condolencias y solidaridad hacia la familia de María del Carmen Pinete, del Grupo Parlamentario del PVEM.
En un mensaje en redes sociales, Sergio Gutiérrez Luna, presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, expresó: “Con profunda tristeza informo el sensible fallecimiento de mi compañera diputada y amiga Maru (María) Pinete. Mi paisana siempre fue una mujer comprometida y generosa. Me quedo con su tenacidad y su incansable lucha por transformar a nuestro país. A su familia y seres queridos, todo mi abrazo y mi solidaridad. Hasta siempre, Maru”.
El líder parlamentario de Morena, diputado Ricardo Monreal Ávila, también comunicó su pesar, ofreciendo condolencias a los familiares de la legisladora veracruzana:
“Con gran pesar recibimos la noticia del fallecimiento de nuestra compañera diputada del PVEM, María del Carmen Pinete Vargas, mujer comprometida con México y ejemplo de trabajo. Enviamos nuestras condolencias a su familia y seres queridos en este trance tan doloroso. Descanse en paz”.
El coordinador del Grupo Parlamentario del PAN, José Elías Lixa, se sumó al adiós a la diputada: “Lamento mucho el sensible fallecimiento de la vicepresidenta de Cámara de Diputados, diputada María del Carmen Pinete Vargas. Expreso a nombre del grupo parlamentario del PAN nuestra solidaridad y más sentido pésame”.
Delicada rosa blanca para María del Carmen Pinete Vargas. Ella ya no está en su curul del Palacio Legislativo de San Lázaro.
Entre las 500 curules del Salón de Sesiones de la Cámara de Diputados, una imanta la atención. Una curul vacía. Una curul donde palpita la desolación, la soledad, el dolor. La curul de María del Carmen. Las y los legisladores sienten la presencia de la ausencia. Demasiado pronto para olvidar, para mitigar la pena, la inesperada noticia de este fallecimiento. La memoria punza.
La rosa blanca habla de amistad y afecto. Su aroma esparcía el perfume del recuerdo de María del Carmen en el salón de Sesiones.
Evocaciones del poeta José Martí. La sensibilidad, la sencillez y brillante profundidad de los versos en su célebre poema Dos rosas:
Cultivo una rosa blanca
en junio como enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca…
Sintetizan la pureza del sentimiento fraterno. Esta composición poética es una alegoría de la amistad y del valor de ofrecer afecto al otro.
El fallecimiento de la legisladora María del Carmen Pinete también enciende la evocación de los versos de Jorge Manrique:
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando…
María del Carmen Pinete Vargas, política nacida el 29 de agosto de 1960 en Tantoyuca, Veracruz, dedicó gran parte de su vida al servicio público y a la representación legislativa. Fue licenciada en Educación Primaria, egresada de la Universidad Veracruzana, así como maestra en Administración Pública Municipal y Estatal.
Fue diputada federal en diversas legislaturas y senadora de la República, ocupando cargos clave en el Congreso de la Unión, en temas relacionados con educación y desarrollo social. Destacó su compromiso con causas sociales y programas que impulsaron el desarrollo de las zonas marginadas.
En marzo, la revista Cámara periodismo legislativo recopiló los puntos de vista de diputadas de los grupos parlamentarios sobre los principales cambios observados en la participación de la mujer en diferentes ámbitos de la vida nacional, especialmente en el terreno político. La legisladora María del Carmen Pinete dejó las huellas de sus ideas:
“Desde la histórica llegada de Aurora Jiménez como la primera mujer legisladora al Congreso de la Unión, en 1954, el avance de las mujeres en la vida política de nuestro país ha sido un proceso largo, desafiante, pero profundamente transformador. Hemos pasado de tener una sola representante en el Poder Legislativo a construir un Congreso verdaderamente paritario donde las voces de las mujeres resuenan con fuerza y decisión.
Un hecho fundamental en este camino fue la LXIV Legislatura, reconocida como la más paritaria en la historia de México, reflejo de la lucha incansable de muchas generaciones que abrieron brecha para que la igualdad en estos espacios de representación fuera realidad.
Las mujeres hemos conquistado espacios clave en los principales órganos de gobierno del Congreso de la Unión. Hemos sido testigos de liderazgos femeninos en la coordinación de Grupos Parlamentarios, en la presidencia de la Mesa Directiva y en instancias de toma de decisiones que antes parecían inalcanzables para nosotras.
Sin duda, la llegada de la primera mujer a la Presidencia de la República representa una de las conquistas más trascendentales en la lucha por la igualdad en nuestro país. Sin embargo, este momento histórico no puede entenderse sin reconocer a las valientes y visionarias mujeres mexicanas que, con su entrega y determinación, abrieron camino en la vida política nacional. Ellas fueron las pioneras que, enfrentando adversidades, rompieron barreras y allanaron el sendero que hoy nos permite celebrar este logro.
A lo largo de nuestra historia hemos conquistado espacios de representación con esfuerzo y perseverancia. Desde aquellas primeras candidaturas presidenciales, como la de Rosario Ibarra de Piedra, que desafió los límites impuestos por una sociedad patriarcal, hasta la llegada de las primeras mujeres a las gubernaturas, cada avance ha sido fruto de una lucha colectiva que ha transformado el rostro de nuestra democracia. Hoy, ese camino ha alcanzado un nuevo hito: por primera vez, el cargo más importante del país es ocupado por una mujer.
Y no es cualquier mujer. Es una líder cuya trayectoria se ha distinguido por su profesionalismo, compromiso y disciplina. Su paso por la administración pública ha estado marcado por la eficiencia, la visión de futuro y capacidad de gobernar con responsabilidad y cercanía a la gente.
Este momento no solamente es un triunfo simbólico, sino la demostración de que las mujeres estamos listas para asumir las más altas responsabilidades y transformar el país con un liderazgo basado en la justicia, la inclusión y el bienestar de todas y todos.
En cuanto al trabajo legislativo en favor de los derechos de la mujer, hay que resaltar que en el paquete de iniciativas enviadas por la presidenta de la República se ha impulsado una reforma integral a la Constitución Política en materia de paridad de género e igualdad sustantiva. Este avance es un paso crucial en la consolidación de una sociedad más justa e incluyente.
Sin embargo, como legisladores debemos centrar nuestra atención en convertir estas reformas en realidades tangibles que impacten la vida de todas las niñas y mujeres en nuestro país. La paridad de género no puede quedarse en el papel; requiere de acciones concretas y de un compromiso firme para garantizar que todas tengan acceso a las mismas oportunidades de desarrollo.
Uno de los retos más urgentes que debemos atender es la persistente brecha salarial entre hombres y mujeres. No podemos permitir que, en pleno siglo XXI, el trabajo de una mujer siga siendo menos valorado que el de un hombre.
Asimismo, debemos reforzar nuestro compromiso con la erradicación de la violencia de género. Hoy, gracias a estas reformas, las entidades federativas tienen la obligación de contar con fiscalías especializadas para atender con sensibilidad, eficiencia y oportunidad los casos de violencia contra mujeres.
Pero no basta con crear instituciones, nuestra labor como legisladores es asegurarnos de que funcionen, que cuenten con los recursos necesarios y que las víctimas reciban justicia de manera expedita.
El verdadero cambio no se logra únicamente con reformas, sino con su correcta implementación y vigilancia constante para que los derechos de las mujeres no sean vulnerados. Es momento de demostrar que el compromiso con la igualdad no es sólo un discurso, sino una causa por la que trabajamos cada día con determinación y responsabilidad”.