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¿Fama, trascendencia, o ambas?


Maikel Ansted Hoffmann / Pablo Ricardo Rivera Tejeda

Inevitablemente, al sumergirnos en el mundo de la fama nos topamos con interrogantes que van desde el por qué hasta el cómo. Es decir, al hablar de fama es vital cuestionarse qué es lo que verdaderamente buscamos con ella, porque, como se ha visto, es capaz de cambiar la perspectiva de muchas personas.

De este modo, es necesario ser conscientes de que no siempre una perspectiva, por más simpatizantes que tenga, será siempre verdadera. La verdad, entonces, pasa a ser, de manera general, una concordancia entre el pensamiento con lo real. Así, lo real es la inalterabilidad de la verdad.

“No se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría”: Jean Cocteau

Entonces, ¿por qué será que en casi todos los casos la fama es objeto de deseo? En este punto es esencial reconocer que vivimos en una sociedad que concibe al dinero, el poder y a lo material como la única, o al menos la vía más sencilla para lograr la felicidad, meta que casi todos tenemos.

No obstante, este juicio es errado al entender que aquello superficial no es lo que nos da sentido o razón para levantarnos cada día, sino lo contrario. Bien se dice que hay personas tan pobres que lo único que tienen es dinero.

La fama, entonces, es tan codiciada por su propia idealización, la cual también es errónea, pues si bien tiene beneficios y comodidades, también representa el fin de la privacidad, la exposición constante y gran responsabilidad social que no siempre es fácil de manejar.

Ahora bien, al decir que la fama no debería ser nuestra aspiración pura, surgirá la pregunta: ¿cuál sí debe ser nuestro objetivo? Si bien la fama no es algo que se deba satanizar, no debemos buscarla por el mero hecho de ser fama, sino por lo que conlleva.

Así entones, la búsqueda que deberíamos emprender sería la de nuestra trascendencia por las acciones que hagamos, no por la gente que nos conozca, porque si lo que hacemos tiene un propósito moral y busca mejorar el entorno, no nos quedaremos solamente en flashes de cámaras.

Por último, suscitemos a la reflexión mediante esta pregunta: ¿cómo hacer de la fama algo trascendente?


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