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¿Veremos próximamente el control de armas en la Constitución de Estados Unidos?


Santiago Ginebra Campillo

De acuerdo con “The Gun Violence Archive”, por lo menos en lo que va del año se han registrado 330 tiroteos masivos en los Estados Unidos, mientras que en el 2021 se registraron cerca de 700 (The New York Times, 2022), 611 en 2020 y 417 de 2019 (Júlia Ledur, 2022). Debido a este aumento es más recurrente la interrogante en el debate público sobre una posible reforma normativa en la materia.

Actualmente, se tienen muy presentes tres tiroteos en la opinión pública. El primero tuvo lugar el pasado 4 de julio en Illinois, en pleno festejo del día de la Independencia de aquel país, en el que perdieron la vida siete personas. El segundo suceso de este tipo fue el 24 de mayo, en la ciudad de Uvalde, Texas, cuando un tirador asesinó dentro de una escuela a 19 menores de edad y a dos maestros- El último suceso fue el 14 de mayo, en Búfalo, donde fueron asesinadas diez personas en un supermercado.

Los tres tiroteos sucedieron en un lapso menor a un mes, pero hay un dato aún más aterrador: en lo que va del 2022 no ha pasado ni una sola semana sin que haya habido, al menos, cuatro tiroteos masivos (Júlia Ledur, 2022).

Las cifras de víctimas de las armas de fuego son alarmantes y en diferentes ámbitos es evidente su incremento. Por ejemplo, en 2020 más de 45 mil personas murieron en Estados Unidos en hechos relacionados con el uso de armas (la cifra toma en cuenta asesinatos y suicidios), un aumento del 14% respecto de 2019. También significa un incremento del 25% si se le compara con los cinco años previos y del 43% respecto de la década anterior (Gramlich, 2022).

¿Qué hay detrás de la portación legal de armas de fuego en los Estados Unidos? Su Constitución, en la Segunda Enmienda textualmente estipula: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas.” (Congress, 2022). Esto pondera la portación de armas como un derecho constitucional, por lo que representa un tema muy complejo de reformar y de agregarle algún candado regulatorio.

El Instituto de Información Legal de la Escuela de Derecho de la Universidad de Cornell (Cornell Law School, 2022) señala que esta Enmienda ha generado una ambigüedad en su interpretación, ya que su posible regulación prohibitiva y restrictiva es, presuntamente, inconstitucional.

Relacionado con lo anterior, uno de los antecedentes de la Suprema Corte de Estados Unidos dado en 2008, retomaron un caso en el que el demandante impugnó la constitucionalidad de una ley de Washington D.C. que prohibía la posesión de armas de fuego. En una decisión de 5 a 4, la Suprema Corte anuló la prohibición interpuesta en D.C. por considerar que violaba ese derecho individual consagrado en la Constitución. Esta decisión fue fundamentada por una interpretación histórica y de tradición de la Segunda Enmienda en la época de la Convención Constitucional en el que se estableció como derecho individual de los ciudadanos estadounidenses a poseer armas de fuego.

Lo anterior es una muestra del valor y el peso histórico que la Suprema Corte le da a la portación legal de armas de fuego, y que a lo largo de los años ha habido más interpretaciones jurídicas que, a grandes rasgos, tuvieron el mismo final.

Otro punto histórico es que de cerca de 12 mil propuestas de reforma a la Constitución de los Estados Unidos (1788-Actualidad), sólo se han logrado consumar 27 (Wegman, 2021). Es decir, el Congreso norteamericano no está acostumbrado a realizar numerosos cambios a su Carta Magna, que, por dar un ejemplo, en México desde que inició la actual administración se han reformado 55 artículos de la Constitución mexicana.

¿Qué se necesita hacer para llevar a cabo una reforma a la Constitución de Estados Unidos? El propio documento en su artículo quinto estipula que existen dos formas de emprender una reforma: “Las enmiendas pueden ser propuestas por el Congreso, mediante una resolución aprobada por dos tercios de los votos, o por una convención convocada por el Congreso en respuesta a solicitudes de dos tercios de las legislaturas estatales” (United States Senate, 2022).

Dentro de las únicas 27 reformas consumadas está la abolición de la esclavitud (1865), el voto de la mujer (1920), establecimiento de los posibles dos periodos presidenciales (1961), entre otras.

La penúltima reforma a la Carta Magna fue en 1971 y consistió en reducir la edad mínima para votar, de 21 a 18 años. En cuanto a la última modificación que se consumó, fue ratificada en 1992 en materia de control salarial de las y los legisladores del Congreso (History, 2021). Es decir, desde hace 30 años no se ha conseguido el consenso necesario para consumar alguna reforma. Este panorama nubla aún más la posibilidad de que próximamente haya un cambio de rango constitucional alrededor de la portación de armas de fuego.

Tenemos ahora un panorama general de cifras y del contexto detrás del marco constitucional en materia de portación de armas de fuego, pero ¿La población norteamericana qué papel tiene en todo esto?

Cuatro de cada 10 adultos dicen vivir en un hogar con un arma de fuego. Alrededor de la mitad de los estadounidenses (48%) considera que la violencia con armas de fuego es un problema muy grande en el país actualmente. Aproximadamente la mitad de los estadounidenses (53%) está a favor de leyes/regulaciones más estrictas (Gramlich, 2022).

El “Pew Research Center” afirma que los estadounidenses están divididos sobre si la restricción de la posesión legal de armas conduciría a menos tiroteos masivos. 49% de los encuestados coinciden en que habría menos tiroteos masivos si fuera más difícil obtener armas legalmente, mientras que casi la misma cantidad dice que esto no haría ninguna diferencia (42%) o que habría más tiroteos masivos (9%).

Vemos que la población tampoco tiene claro si el camino a seguir debe ser colocar algún candado legislativo en respuesta al aumento de tiroteos masivos y muertes causadas por armas de fuego. El proceso legislativo norteamericano tampoco parece ser una senda que atienda necesidades de forma expedita, así que un estire y afloje para conseguir mayorías en el Congreso con la finalidad de reformar la Segunda Enmienda no lo veremos próximamente.


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