Trabajo Legislativo / En Opinión de...


news

Del dicho al hecho hay mucho trecho


Juan Emilio López Guadarrama / Director de México Joven

El gatopardismo es el obstáculo que más urge desaparecer en nuestro país. Mientras el ejercicio del poder utilice la idea de un cambio como mera simulación; mientras se diga que se cambiará sin que se dé tal cambio, el poder utilizará indiscriminadamente los recursos en beneficio propio. Desde la etapa de la conquista hasta la fecha hemos tenido estafas maestras y ha habido hijos de poderosos que se han hecho millonarios de la noche a la mañana. Continuamos escuchando bonitos mensajes sin que en la realidad haya cambios o alguna transformación.

El gatopardismo es la representación política de la pervivencia de la corrupción, es decir, cambiar todo para que nada cambie. Comúnmente se da cuando se descaran actos de corrupción y personajes corruptos. Florece una narrativa enjundiosa que promete el cambio a través de una manera radical que nace los actores políticos de oposición que aspiran a sustituir a quienes detentan el poder en ese momento.

Su discurso es el del cambio, pero en el fondo la corrupción se mantiene igual. El único cambio es el equilibrio del poder. Podríamos hablar de varios actos de gatopardismo que en realidad han continuado con los actos de corrupción en nuestro suelo tan fértil.

Hoy en día se puede hablar de los movimientos que han llegado queriendo hacer un cambio en la nación, pero sólo sustituyen una casta política por otra, con las misas promesas de un cambio radical de régimen. Pero por desgracia, lo único que transforman estos movimientos es el cariz de quien detenta el poder, porque la pobreza sigue o aumenta, la desigualdad, la impunidad y la “bendita” corrupción continúan con su llama inagotable; es una llama eterna.

Esto es un aviso para que como ciudadanos pongamos atención y no dejemos que cada seis años nos juren amor eterno y que todo sea igual, que el mole sea picoso, diferente el dedo, pero el mismo atole, las mismas cuatro paredes, pero diferente el retrato. Ya no es momento de abstenerse a combatir como mexicanos la corrupción. Suena obvio decirlo, o choteado, pero sabemos que esto es nocivo; es momento de informarnos y salir de nuestro statu quo para acabar con este gatopardismo al que desde siglos estamos acostumbrados. Habrá excepciones, pero no se ha encontrado la bala correcta que acabe con este mal que nos daña como nación.


Notas relacionadas