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El hombre rebelde


Maikel Ansted Hoffmann

Después de examinar los periódicos de la última quincena con el fin de cultivar mi investigación para la redacción de esta y demás columnas en las que soy invitado, no encuentro nada en particular que valga la pena comentarse… porque, a decir verdad, la mayoría de mexicanos estamos cansados de escuchar siempre lo mismo.

Podría comentar sobre los posibles candidatos del Frente Amplio, o podría también decir algo sobre la campaña anticipada de las “corcholatas” de MORENA, PT y VERDE, de la delincuencia en México, de la salud o educación, tema que me apasiona, por cierto, pero en realidad estos temas han sido tocados hasta el cansancio.

A menudo no resulta sencillo escribir de algo muy actual en los periódicos de papel o digitales, como es el caso, porque se corre el riesgo de ser muy superficial y el espacio que disponemos es muy corto.

Sin embargo, y tratando de hacer una síntesis de la situación actual general (político, social, económico, religioso, de índole sexual etc.), puedo llegar a la conclusión de que el ser humano para estos momentos pasa por una crisis general apoyada por un espíritu universal de rebeldía.

Ya desde hace un par de décadas lo que se consideraba “pleno y verdadero” se ha ido derrumbando por nuevas ideas, prácticas e ideologías. Nunca nada, hasta ahorita, había sido tan generalizado el sentimiento del absurdo, de la contradicción y, en definitiva, de la rebeldía.

¿Por qué? Esta ha sido una pregunta muy repetida en las últimas décadas y que hasta nuestros días sigue inquietando al espíritu. La moral del progreso social, científico, económico e incluso religioso, empezó a caer por tierra. En su lugar han aparecido ideologías empeñadas en el rompimiento del pasado y una carrera nada tolerante por la conquista del presente y del futuro inmediato. Es decir, caemos en una moda sin pensar en el futuro real.

Cierto es que el hombre siempre ha sido rebelde, sin esta cualidad no hubiese sido posible ningún adelanto de la especie humana, lo interesante del caso es el periodo de tiempo en que esta rebeldía se manifiesta ahora. Antes había que esperar tres o cuatro décadas e incluso siglos atrás se esperaban cambios en siglos, para que el hombre empezase a protestar; hoy ya no esperamos, lo vivimos a diario.

El hombre se rebela hoy en contra de su circunstancia histórica, se rebela contra un mundo que juzga absurdo, pues encuentra un divorcio entre el hombre y la vida, entre el actor y su decoración que se le antoja impuesta y no participada. Esa época de fidelidad absoluta hacia los postulados del racionalismo, de ese sistema cerrado al más no poder, termina siempre chocando con lo irracional del pensamiento humano.

La era del progreso, de la “diosa razón”, ha terminado. Nos enfrentamos a la construcción de un mundo nuevo que simplemente no podemos ocultarnos de él.


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