En México, cada seis años se discute el país. Es el caso ahora, en democracia, pero lo era también durante el régimen priísta, en el cual los proyectos se ponían a consideración al final de los sexenios. En esa época, en ocasiones, las ideas centrales de gobierno se conservaban, con ajustes, de un periodo a otro. En otras se modificaban, incluso de manera radical. Los cambios de administración necesariamente implican repensar lo público y lo estatal.
En el caso del proceso de Morena, los contendientes van a defender la continuidad de un proyecto, el del gobierno, y señalar los pendientes y las políticas que se imponen ante nuevas constancias. No será el caso de los procesos de selección que se desarrollen en los partidos y coaliciones de oposición, en esos seguramente se reconocerán pocos logros del gobierno y se abundarán en sus fallos.
Así son los procesos democráticos. La propuesta ganadora en Morena deberá ser la que mejor asegure mantener y consolidar lo logrado, pero también ajustar en dónde existen riesgos y pendientes y en dónde hay oportunidades para su profundización. Por eso es necesario que las propuestas se detallen, pero también que se contrasten, se defiendan, se argumenten.
La discusión es también una forma, esencial y clara, de transparencia. No tenerla es aceptar que la contienda electoral se limita a las imágenes, a las frases hechas y apelar solamente a las emociones, sin substancia, sin razonamiento. En eso pierde lo público.
En el caso de una contienda interna los debates no tendrían que ser respecto de las trayectorias y al pasado de los contendientes. Eso, lo ríspido, es un mal necesario en una elección entre quienes no son partidarios de la misma causa, pero no lo es entre quienes la comparten y públicamente quieren que se convierta o se mantenga como la agenda de gobierno.
Los debates en un proceso interno de una coalición en el gobierno tendrían que versar sobre la defensa de las políticas en marcha, pero también respecto de la propuesta de las muchas de las otras que faltan por implementar. Eso abre un enorme espacio para discutir los temas centrales del país.
Además, tendría un enorme beneficio para mejorar los diagnósticos y las soluciones públicas para traer nuevos proyectos a la mesa, para ver cómo se van a potenciar los actuales y para reconocer problemas en las áreas de política en las que sí se tienen que mejorar.
Se trata de un ejercicio que permita evaluar y recapitular lo realizado, pero también de proponer y argumentar lo que se puede realizar. En el proceso interno de Morena se debe debatir sobre el presente y el futuro del país y para eso sí son necesarios encuentros públicos, en los medios, entre los que aspiran a encabezar el proyecto de ese partido, a fin de que detallen y contrasten ideas, para que se evite caer en lugares comunes y generalidades, que muestren que no es lo mismo uno que otro y por su capacidad de articular un proyecto.
Los contendientes nos tendrían que decir, por ejemplo, qué piensan del sistema fiscal, de cómo lo van a fortalecer, cómo podría ser más progresivo. En España, por ejemplo, Yolanda Díaz, la ministra del Trabajo y candidata de Sumar, plataforma con la que logró cohesionar a las organizaciones a la izquierda de los socialistas gracias a su capacidad para presentar una agenda coherente, basa buena parte de su campaña en proponer una reforma fiscal que reduzca los impuestos a las pequeñas empresas, incremente los de las de mayor tamaño y convierta en permanente el impuesto sobre las grandes fortunas.
Esto es, quien podría dirigir un posible gobierno formado entre Sumar, el PSOE y organizaciones regionales, se compromete con una agenda fiscal concreta, que va a ser objeto de escrutinio y análisis.
Así, la contienda interna de Morena, además de proporcionar entretenimiento a una vida política nacional que se estaba volviendo aburrida, podría ayudar a encontrar soluciones a los grandes problemas nacionales y generar compromisos para quienes buscan tener el poder.
Decir que se va a continuar con lo mismo no basta, se debe detallar lo que se propone mantener y lo que se piensa modificar.
En esos matices el país se juega mucho.