Trabajo Legislativo / Entrevista


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¡Desde niños sabremos venerarla…! Respeto pleno a nuestra bandera en San Lázaro


Ángel Medina Luna 

En el Palacio Legislativo, desde las frías horas de la madrugada el fervor patrio despierta antes que el sol. Con la precisión de un ritual sagrado, los elementos de la Dirección de Protección Civil custodian el silencio, aguardan el instante preciso para iniciar el protocolo de izamiento de las tres banderas de la Cámara de Diputados, en los puntos cardinales del recinto: el imponente Frontispicio, la solemne Plaza de los Constituyentes de 1917 y el flanco vigilante frente al edificio “E”.

Antes de la primera luz en el cielo, el palacio ya late con pulso marcial. Un viento vagabundo, de alas entumidas y heladas, recorre los mástiles; hace tiritar la calma. Desafiando las horas gélidas, inicia el izamiento de la mítica enseña de México, soberana del siglo XXI, porque ha sido coronada como la más hermosa del orbe. No sólo ondea sobre nuestro suelo; es un símbolo que, con su mística y colores, conquista el horizonte global. Se podría resumir que es la joya del mundo.

Amanecer tricolor. Como un sol, resplandece la bandera

Hora profunda. En el Palacio Legislativo el patriotismo se anticipa al alba. Enciende radiantes sentimientos. A las 5:45 de la mañana comienza el protocolo. Custodios de honor liberan a la enseña de su sagrado nicho. Para acariciar el viento, el estandarte despierta de su letargo, custodiado por manos firmes.

Guardianes solemnes inician el desdoblamiento del lábaro patrio. Sobre los hombros llevan la bandera. Escoltan al lienzo tricolor hacia el asta. En sus brazos la sostienen porque jamás debe tocar el suelo. La van enganchando al cable del mástil, comenzando por el lienzo color verde.


La bandera poco a poco se eleva hasta la cúspide del mástil. Como si el viento le susurrara historias antiguas, vuela al cielo. No hay sonidos de tambores ni de cornetas, porque el izamiento cotidiano no requiere banda de guerra; sí un cántico marcial, la música del canto de los pajarillos que anuncian la luz sagrada del día. El coro de pájaros canta; sus trinos son dulces trompetas.

Un motor eléctrico inyecta velocidad al ascenso a la cima. Ha finalizado el izamiento. Entre los trinos de las aves, como un sol resplandece la bandera nacional, una llama de luz la envuelve. Cada vez que se despliega parece abrazar el cielo, más allá de fronteras y tiempo.

La bandera tricolor corona la majestuosidad del Frontispicio; adorna la mañana con soberanía y gloria.

Centinelas del silencio

En el amanecer resonante, bajo la lluvia de luces, a las 5:55 horas la Plaza de los Constituyentes de 1917 (patio central y explanada principal de la Cámara de Diputados) luce su espectacular elegancia, inspirada en la arquitectura maya de Uxmal, acompañada de la sedante belleza del jardín ornamental poblado de cactáceas, magueyes y otras plantas nativas. Pasado y presente conviven en el homenaje a la bandera, suenan y resuenan ecos y voces pasadas. Reina la vastedad de silencio.

Son testigos mudos los 219 legisladores del Congreso Constituyente de Querétaro de 1917, y Venustiano Carranza, eternizados en el mural escultórico de Ricardo Ponzanelli.

Acompañan y observan: Miguel Ramos Arizpe, Francisco Zarco, Benito Juárez, Heriberto Jara, Alfonso Cravioto, José María Morelos y Pavón. Seis bustos de próceres labrados en bronce

Símbolo del universo legislativo, también se hacen presentes las diosas griegas Nike y Temiz, acompañadas de una majestuosa águila real que extiende sus alas. Estas tres figuras de plata forman la escultura “El Gran Tintero Plateado”. Nike representa la victoria alada, extiende el brazo y mano derecha con la cual sujeta una corona de laurel, símbolo de triunfo.

Centinelas de la memoria que honra al símbolo de México, la bandera. Por la plaza marcha la escolta que lleva sobre sus hombros la enseña nacional. Desde su alma cantan sentimientos patrios y profundo respeto. Su arco de esperanza marca el camino hacia el asta, ubicada al centro. Al pie del mástil sostienen en sus brazos la bandera, mientras se va elevando de la tierra al cielo. Con solemnidad sube hasta el tope del mástil.

Cautiva la mirada. El corazón está allá donde los sentimientos anclan y la esperanza anida. Bajo un cielo que abraza a la sede del Congreso de la Unión, en el centro de la plaza ondea, orgullosa, majestuosa, la bandera de México.

Cuando el viento hable

En el amanecer el último capítulo es el izamiento de la bandera ubicada frente al edificio “E”, zona de mayores corrientes. El lienzo aguarda el mandato del viento, que a veces sacude con sus manos viajeras al lábaro patrio.

Mírala: es la bandera, entre aires de libertad. La enseña nacional se vuelve vuelo. Cuando el viento juega con sus pliegues, nada hacia ella me aleja, todo de ella me acerca.

Es el ascenso de un mito que, tras nacer de una profecía antigua, hoy reina soberano, cautivando la mirada del mundo entero.

Hugo Preciado López, jefe del departamento de Prevención de Riesgos, de la Dirección de Protección Civil

“La dimensión de las tres banderas de la Cámara de Diputados está en sintonía con la armonía estructural y arquitectónica del Palacio legislativo. Dos miden 12 metros por siete. La de la Plaza de los Constituyentes de 1917 es de siete por cuatro. Pesan entre 15 y 20 kilos.

Cotidianamente las banderas se izan a las seis de la mañana. El arrío es a las seis de la tarde. Este horario se altera sólo por amenazas de lluvia; se hace una bajada del lienzo, lo más oportuna, con la solemnidad que merece. No podemos bajar una insignia de manera improvisada, procuramos que no nos sorprenda la lluvia; mojada pesaría como 40 kilos. Cuidamos que siempre esté seca, guardada en su nicho para que se preserve. Al final del arrío, se dobla correctamente para guardarla para guardarla”.


¿Cuál es el tiempo de vida útil de una bandera?

“En promedio, un año. Porque las banderas están expuestas a las agresiones del clima: lluvia, radiación solar, exposición constante al sol, a las ráfagas del viento.

Aquí se da mantenimiento a las banderas, a los motores que ayudan a izarlas, a las astas; si es necesario, se contrata personal externo”.

La incineración de la bandera

“Cuando una bandera se desgasta, no se desecha ni recicla. Como establece la ley, respetuosamente se realiza un protocolo de entrega a la autoridad (Ejército). En la Sedena se incinera, en el marco de una ceremonia solemne”.

Genesis. La creación de la bandera

Se busca que la bandera no envejezca prematuramente. Por ello, en la Fábrica de Vestuario y Equipo de la Secretaría de la Defensa Nacional se fabrican bajo normas y estándares calidad. Se utiliza tela especial (poliéster y nailon) diseñada para resistir. A la tela le aplican una solución a base de teflón, a fin de dotarla de una propiedad de repelencia a líquidos.

Se vigila que no tenga imperfecciones como manchas y rasgaduras, cada metro es de calidad adecuada. Se cortan los lienzos con las proporciones exactas de cada color. A diferencia de otras banderas del mundo, la mexicana no es cuadrada ni completamente rectangular, su diseño es armónico.


Sangre, esperanza y paz en el cielo

Los colores de la bandera no son cualquier tono de verde, blanco y rojo. No es pintura común, ni sólo pigmentos. Oficialmente, en la reglamentación, están bien definidos. A la tela se le da teñido especial que garantiza el color, su delirante juventud.

Estos colores se logran con pigmentos industriales resistentes a los rayos solares y a la humedad. Con fórmulas químicas creadas especialmente para que una bandera resista meses ondeando, sin que se apaguen sus colores.

Es un verde profundo que transmite fuerza. La esperanza de un pueblo que nunca se rinde. Representa la vida, el constante renacimiento del pueblo mexicano, la esperanza que brota como la selva. El blanco es limpio, puro, simboliza unidad. Un lienzo de paz, como la pureza de los ideales.

El rojo es intenso, vibrante. La valiente sangre derramada por los héroes que soñaron con la libertad, que tiñe la identidad mexicana. El fuego de la pasión que recorre la historia del país.

Un secreto de confección

Contemplar la bandera de México, verla ondear bajo el inmenso azul del cielo, es una experiencia mística, un impacto visual. Respira, vibra con el viento. Es danza de libertad, como sentir la embriaguez de la ola.

¿Cómo resiste las ráfagas del viento veleidoso? ¿Cómo mantiene la estética, la belleza de sus colores vibrantes en movimiento?  

Primero, es fundamental que en la fabricación se utilicen telas de calidad y resistencia. Se requiere cuidar la confección, el trazo, corte y costura de los lienzos para que el viento no las rompa. Para ello, se emplean hilos gruesos de alta resistencia.

Un secreto: en el extremo inferior del lienzo color rojo se le confecciona un refuerzo llamado “cono de viento”, que permite movimientos estéticos cuando la bandera está ondeando. La elegancia estética no se debe apagar.

La manera en que ondea depende de cómo fue cosida la bandera. Si la costura es rígida, la tela se mueve menos; si es flexible, ondea más libre. Lo ideal es un balance, porque si flamea demasiado se desgasta más rápido, si ondula o flota poco, pierde impacto visual. Así, hasta la acción del viento sobre la bandera depende de la mano de quien la confeccionó.

El corazón de la bandera

El corazón de bandera es el escudo nacional, uno de los más complejos del mundo. Encierra siglos de historia.

El escudo no es bordado, pesaría mucho y sería complicado. Es pintado a mano. Se utilizan 11 colores de base y cinco matizados.

El asombro reside en el escudo. Instante eterno donde el águila, mensajera del sol, devora a la serpiente sobre un nopal que nace del agua. Nos recuerda que México no nació del azar, sino de una mítica profecía grabada en el centro de un lago.

Cuando el viento la agita, la bandera no solo ondea: late. Vibra la fuerza telúrica del pasado azteca que se niega a morir. La leyenda de Tenochtitlan cobra vida ante nuestros ojos, es el punto exacto del nacimiento de la nación.

¿Como parte del equipo que realiza el protocolo de izamiento y arrío de la bandera, qué significa para ti en lo personal?

“Nos transmite sentimiento. Uno puede describir lo que es nuestro lábaro patrio, principalmente es identidad. Y orgullo, más que nada de nuestra institución, que es el Poder Legislativo, la Cámara de Diputados.

Nuestra bandera nacional es catalogada como una de las más bonitas del mundo. El escudo es interesante, está lleno de historia. Los colores de la enseña reflejan nuestra política, historia e ideología.

Siempre cuidamos la presencia de la solemnidad que acompaña a la bandera. Los invitamos a todos a que investiguen un poquito más: qué significa nuestra bandera, cuáles son los significados de nuestros símbolos patrios…”

Epílogo

Antes de que la luz despierte, cada amanecer hay un latido marcial en el Palacio Legislativo. En la oscuridad de la aurora, desde las horas gélidas, los puntos estratégicos del palacio (desde la Plaza de los Constituyentes hasta el Frontispicio) aguardan el despertar de sus insignias.

El izamiento en la Cámara de Diputados es un ritual donde el honor vence al frío. Cuando la mítica bandera de México ondea, proyecta desde el corazón legislativo la identidad nacional.



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