Trabajo Legislativo / Entrevista


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Decidir por mayoría sin avasallar: diputado Víctor Hugo Lobo


Por Juventina Bahena

• No habrá listas cupulares de pluris, sino de candidatos que perdieron uninominales.
• México es plural y tenemos que escucharnos todos.

Víctor Hugo Lobo Román se define como un hombre de izquierda, eje del que no se ha movido por convicción, primero desde el PRD, y ahora en una vertiente con una opinión un poco distinta, pero en la que ratifica sus valores, sus principios democráticos a fin de seguir luchando en favor de las y de los ciudadanos, fortalecer los derechos, garantizar sus libertades, fundamentalmente a quienes más lo necesitan.

Con ese bagaje adquirido durante su trayectoria política como diputado local, federal y jefe delegacional, el legislador de Morena y presidente de la Comisión de Reforma Política Electoral, expone algunos de los puntos que contiene la iniciativa que enviará la presidenta Claudia Sheinbaum.

El exdelegado de la Gustavo A. Madero (2009 a 2012 y 2015 a 2018) se refiere a uno de los aspectos más polémicos que busca resolver la reforma electoral, según la información con que se cuenta: los plurinominales.

—Hace unos 35 años había 300 diputados, a los que se sumaron 100 para darle espacio a las minorías que no ganaran una posición uninominal. Después se agregaron otros 100 más para llegar a 500 diputados. Hoy tenemos 300 distritos uninominales y 200 plurinominales para quienes no tienen una buena votación y no lograron ganar el distrito donde compitieron, de tal suerte que los ciudadanos que votaron por ellos cuenten con representantes equivalente al porcentaje de votación que obtuvieron. Evidentemente no se reparte de manera exacta porque si la alianza gobernante ganó en el 85% de los 300 distritos y buscáramos que esa proporción se repitiera en los 200 plurinominales el resultado sería avasallante. De ahí que con esos 200 plurinominales se busca generar un equilibrio bajo ciertos principios.

También se ha hablado mucho del tema de la sobrerrepresentación.

—La sobrerrepresentación es más bien un techo. El artículo 54 de nuestra Constitución establece claramente cuál es el margen de representación, que no puede ser exacto para todos, porque unos se disputaron en el territorio y otros solamente hacen equilibrios. Hay un 8% máximo de sobrerrepresentación, esto es, el partido que haya ganado todos los distritos posibles no podrá tener más de un 8% de la votación total emitida, y los partidos que no ganaron nada de manera directa, no podrán estar 8% abajo del porcentaje que los ciudadanos les dio.

Esos topes están establecidos desde 1994 en nuestra Constitución, cuando el PRI era un partido hegemónico establecieron esas reglas, esos criterios para establecer ciertas condiciones de gobernabilidad. Ésas son las reglas con las que se ha jugado y se ha ganado. Hubo una primera propuesta de reforma electoral que presentó el expresidente López Obrador para que toda la representación correspondiera a la cantidad de votos obtenidos en las urnas, pero los partidos rechazaron ese tipo de representación pura, como también rechazan la propuesta actual. 
Con los plurinominales se da un espacio a la representación de las minorías para compensar a los partidos que no ganaron uninominalmente sus distritos, a fin de que puedan tener representación lo más cercano posible a los votos que obtuvieron.

Ahora bien, los ciudadanos votan por una opción que cada partido presenta como un programa de gobierno o proyecto de nación. Entonces, eso de que las minorías tengan representación en las cámaras choca un poco con el hecho de que la gente vota por una opción a veces contraria o irreconciliable con la de otros partidos. Y eso se ve en las cámaras ¿Cómo se logra que los plurinominales puedan de alguna manera resolver este conflicto?

—México es un país plural, diverso, multicultural y, por supuesto, de ideologías diferentes. Todo mundo tiene el derecho de participar, de opinar y de coincidir con el instituto político y la plataforma política que presenta a sus electores, la cual registra ante el Instituto Nacional Electoral; lo ideal es que los ciudadanos la conozcan. En la elección pasada, Morena y sus aliados tuvieron una mayoría por 54% del electorado, pero hay que reconocer que un 46% votó por otra. Lo justo es que a cada quien le toque lo que le corresponde, y en una democracia equilibrada y equitativa debemos entender que todos tienen derecho a ser escuchados.  

Evidentemente, las mayorías tienen la posibilidad de decidir en cualquier condición, pues todos tienen voz, pero al final decidimos un destino, decidimos un rumbo y lo deciden quienes tengan la condición mayoritaria, pero no por ello se tiene que generar una condición de avasallamiento a quienes piensan diferente. El ejercicio de la política es buscar coincidencias para limar asperezas e intentar construir acuerdos y consensos en base a lo que nos une.

Entiendo que todos deberíamos tener un fin común, un objetivo común, que es el desarrollo del país, el desarrollo de su gente. Hay visiones y formas de entender cómo avanzar de la derecha, del centro, de proyectos más de inspiración progresista y de izquierda, como Morena, más con un sentido social y humanista. Pero hay dos principios fundamentales que es necesario reconocer: uno, que México es plural y tenemos que escucharnos todos; dos, que en una democracia deciden las mayorías. Si no nos podemos poner de acuerdo y no buscamos coincidencias, hay que seguir el camino que decida la mayoría, pero siempre buscando la construcción de acuerdos, siempre explicando, sin imponer, sino convencer.

Los plurinominales no son un regalo, no es una concesión, es un reflejo de la decisión de los ciudadanos, quienes decidieron darle una cantidad de votos a un partido que no ganó uninominalmente, pero obtuvo una buena cantidad de votos que necesitan estar representados como lo están todos los sectores de nuestra sociedad. Habrá que trabajar para convencerlos de que los argumentos y el rumbo que se maneja del país es el adecuado y buscar coincidencias. Lo más valioso es que los vecinos y los ciudadanos se involucren y participen.

Si México tuviera 5 o 10 partidos, cada uno con un proyecto distinto -se supone que para eso es un partido, si no, se aglutinarían en torno a un solo proyecto- ¿sería más democrático? China ha logrado avanzar con un solo partido, el Partido Comunista, en el que 100 millones de chinos analizan las problemáticas de su país, las estudian, presentan propuestas; esas personas necesitan cierta formación, cierta capacitación para pertenecer al PC; un solo partido ha llevado a su país a ser una potencia mundial ¿Es más democrático un país que tiene más partidos? ¿El multipartidismo nos ayuda a avanzar?

—Yo creo que la democracia es abrir espacios para que cada quien encuentre en un proyecto político ideológico la forma donde inscribir sus anhelos, de acuerdo a la plataforma de un partido. Hay que entender que una de las primeras funciones de los partidos políticos es llevar a los ciudadanos a los espacios de decisión, es fundamental, y para eso se crean los partidos, es su naturaleza inicial, convocar a los ciudadanos a que participen en la vida pública y puedan incidir, representarnos y tener acceso al poder público; ésa es la tarea de los partidos.

Cada uno de los ciudadanos podría entender con qué partido empata más su visión personal. Yo creo que, en una diversidad, donde hay muchas visiones, culturas y formas de pensar, entre más pluralidad haya puede darse un proceso democrático más amplio, evidentemente garantizando todos los demás elementos, como instituciones electorales autónomas, fuertes, sólidas, que garanticen elecciones transparentes, confiables, permanentes y eso evidentemente va a dar una condición de mayor democracia.

En China no hay un gobierno, en realidad es el partido el que mandata al gobierno. Creo que quien llega al gobierno debe pensar, por supuesto, en la línea del partido que lo impulsó, pero después tiene que gobernar para todos, no para el partido, como es en el caso de China. Seguramente tiene un desarrollo económico importante; habría que analizar el desarrollo social y la calidad de vida de la comunidad china.

Hay otros países, en el otro polo, el capitalismo puro, en donde hay muchos más partidos. Creo que es bienvenida la competencia política, y cuando uno tiene la oportunidad de gobernar y de representar a los ciudadanos, hay que demostrar que se está haciendo el trabajo más serio, profesional, sensible, comprometido y de mayores resultados; ésa es la manera en que se logra convencer a la gente, no mediante camisas de fuerza, sino demostrarles que el proyecto en el que están confiando es el que les respalda, que ha cumplido lo que les prometió y que hace el mejor esfuerzo para sacar adelante al país.

Quienes estamos dentro del Movimiento de Regeneración Nacional, lo primero para sacar el país adelante es ayudar a los sectores que necesitan contar con los elementos básicos para garantizar sus derechos a la salud, educación, vivienda, seguridad y una vez que tengamos una condición de solidez entre todos los mexicanos, seguir compitiendo contra el resto del mundo como una gran economía.
 Pero hay que escuchar a todos. Todos tienen un pedazo de razón, un poco de verdad, y quienes coincidimos con una filosofía, con una ideología, intentamos convencer que por ahí es la vía correcta y estamos convencidos que ésa es la ruta que le hace bien a México y a su sociedad.

¿Qué espera Morena y los ciudadanos de esta reforma?

—Es importante que tengamos claro que todas las reformas político electorales han sido impulsadas y promovidas siempre desde la izquierda, desde el progresismo, a veces siendo oposición, hoy siendo gobierno, porque con los proyectos progresistas siempre estamos buscando cómo fortalecer los derechos humanos y, por supuesto, los derechos político electorales. Es un tema importantísimo para garantizar el desarrollo de una nación, en el que todos participen, que los ciudadanos puedan esperar el fortalecimiento de las instituciones democráticas, con autonomía, particularmente el INE y los organismos que dejemos localmente.

Lo que busca esta reforma es que haya más participación, que los ciudadanos se involucren, que tengan la capacidad de acercarse más a la toma de decisiones de su comunidad con su representante, de su gobierno local, de su gobierno estatal. Las elecciones federales, que son las más concurridas, rondan sobre el 60% de participación. Países como Chile, que tuvieron elecciones hace unos meses, rebasaron el 85%, países como Australia, Noruega, Dinamarca, están sobre el 90 o 95% de participación. Mucho se cuestiona la toma de decisiones y de legitimación, porque no necesariamente inciden o participan todos los ciudadanos.

Tenemos que participar todos y no sólo cada 3 o 6 años; que haya una democracia participativa permanente, que evaluemos nuestros gobiernos, que tengamos revocación de mandato, consultas populares, plebiscitos, referéndums, votos y consultas electrónicas. La idea es que todos los ciudadanos participen y se involucren.

Una reforma político electoral también debe buscar que no nos cueste tanto. Hay que analizar cuánto dinero cuestan los partidos políticos en prerrogativas; es una cantidad muy importante de recursos que se destinan para este fin, cerca de 7,300 millones de pesos anualmente sólo para sus actividades y se incrementa en un 50% durante los procesos electorales. Además de lo que cuestan los institutos electorales y las diferentes instancias ¿Cómo economizar sin comprometer la eficiencia, la seguridad y la confianza en las elecciones? Es parte de lo que tenemos que hacer.

En cuanto a los plurinominales, lo que se busca es que quienes queden en la lista de representación de los partidos, no sea la que dicta el partido, sino de acuerdo con los votos obtenidos por los candidatos que, aunque no ganaron en una circunscripción, tuvieron alta votación. Esos son los candidatos que van a representarlos porque son el reflejo del respaldo de los ciudadanos. Serán ellos, de acuerdo con la proporción que le toca al partido, de tal forma que no será una lista cupular que aleja a los ciudadanos de participar en la vida pública.

Con esta reforma van a poder ser más competitivos y si tienen un alto porcentaje de votos, aunque no ganen en su distrito uninominal, seguramente tendrán la oportunidad de representar a su comunidad en el Congreso local, en el Congreso Federal, en el Senado o en las condiciones que jueguen de alcaldías o gubernaturas.

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