“Aceptarme y aceptar lo que había a mi alrededor, adaptarme a la vida, ha sido uno de mis mayores retos. No sabía lo que significaba tener una discapacidad hasta que en la secundaria me lo hicieron evidente. Me dijeron que no podía estar en la escolta por ciertas circunstancias, que ni siquiera yo sabía que no podía solventar. Ellos me marcaron el obstáculo, no yo.”
Así lo afirma Rocío Torres l, seleccionada nacional de baloncesto paralímpico en Atenas 2004, a quien su displasia de cadera, condición que adquirió de nacimiento, no mermó su pasión por el deporte.
Desde niña sabía que destacaría en el deporte, primero en la natación, después en lanzamiento de jabalina, bala y disco adaptado, fue ranqueada en los primeros lugares del mundo, y finalmente en el basquetbol, en silla de ruedas. Fue cuarto lugar en los Juegos Panamericanos en Guadalajara 2011, primer lugar en los juegos nacionales de la Federación de Deportes sobre silla de ruedas, cuarto lugar en los juegos Dual Meet, México Sudáfrica, obtuvo el octavo lugar en los Paralímpicos en Londres 2012, entre otras marcas.
Además de incursionar en diferentes disciplinas deportivas y destacar en el baloncesto, Rocío estudió la licenciatura en Derecho, en la UNAM, lo cual le permitió hacer sus prácticas profesionales en el Sistema de Transporte Colectivo Metro (SCT) y después entrar a trabajar en la Cámara de Diputados, gracias al programa de inclusión a personas con discapacidad.
“Nunca me sentí discriminada por ser mujer o por mi discapacidad, podrían haber dicho ´tiene una discapacidad, es mujer, no va a aguantar´, pero no, al contrario, me llevaban a las audiencias, cuando había escaleras no me dejaban subir, sólo si había elevador. Me trataban como a cualquier otra, iba a tribunales.
“Al entrar a la Cámara, igual, me decían: ´ vamos a hacer un foro, ¿puedes viajar?, sí, claro´, la ventaja es que ya había viajado mucho por el deporte, mis papás sabían que podía hacerme responsable y tomar todas las precauciones. No he recibido discriminación, excluyendo la primera vez que llegas y te ven extraño, pero fuera de ahí, todo fluye normal”.
¿Viviste alguna adversidad entrenando?
En el terreno del deporte se dan situaciones muy particulares. En México tenemos tantas barreras arquitectónicas, para subir al transporte para andar en las calles, que se te hace músculo y cuando llegas a un evento, aunque tengas una discapacidad, te dicen, es que tienes músculo, esa situación juega en tu contra, porque ya no entras en cierta categoría. Tenía la discapacidad, pero también tenía músculo y ya no entraba en sus parámetros. Fue extraño mi caso. Así fue como me sacaron de natación y me metieron al atletismo. Me dijeron tienes un año para entrenarte y entrar en otra disciplina, cuando fueron las Olimpiadas de Sídney, me quedé a un centímetro de la marca requerida. Finalmente entré a jugar baloncesto de lleno, además, ahí sí podría entrenar todos los días saliendo de trabajar.
¿Qué ha significado para ti jugar con las Diablas?
Seguimos vigentes, aunque sin entrenar como antes, porque no hay espacios, siempre entrenábamos en la Escuela Nacional de Entrenadores Deportivos, ahora con la pandemia hubo filtros muy estrictos, porque había gente que iba a participar en la paralimpiada de Tokio, y tenían que aislarse, obviamente, las personas que no éramos requeridas pues no teníamos para que ir. Por fin encontramos un lugar en Cuautitlán Izcalli, solamente para silla de ruedas, también con todas las medidas. Empezamos a tener una nueva normalidad.
El basquetbol sí te cambia mucho porque no es lo mismo tener un plan individual, donde sabes que tienes que mejorar tu técnica, tener mejor condición física. Te enfrentas con una marca y con los jueces. En cambio, en basquetbol afrontas de una manera diferente a la vida, una toma de decisión en la que debes de involucrar a cuatro personas más en cuestión de segundos.
Aprendes a convivir, a respetar la decisión de los demás. En resumen, a trabajar en equipo. Es un juego de aciertos y errores, si te distraes o están jugando dos jugadores fuertes y tres que están en desbalance, ¿qué se hace’, si me doy cuenta que mi compañera está teniendo problemas, la tengo que apoyar.
¿Por qué hay más niños que niñas entrenando basquet?
Sí hay niñas, pero por el miedo a que te lastimen, llegan más niños, finalmente estamos acostumbradas a lo mismo, al principio entras a lo desconocido, cuando empiezas en un deporte y ves que las demás sí son fuertes, y que tú también puedes ser fuerte, vas aprendiendo.
¿Cómo es tu trabajo con los niños que juegan basquetbol?
Estoy en el grupo de apoyo, trato de transmitirles experiencias, los cuestiono y les pregunto qué es lo que harían en ciertas situaciones, también les digo lo que espero de ellos, porqué estoy yo ahí, me gusta verlos jugar. Simplemente estar con ellos, es muy satisfactorio. Tienes que ganarte su respeto, poco a poco.
Hay algún límite para lograr algún objetivo siendo una persona con discapacidad?
Ahora ya hay más opciones y oportunidades, por ejemplo, los que van llegando a la Escuela de Deporte Adaptado del Estado de México, se está buscando que tengan sus propias sillas de acuerdo con sus necesidades, no es lo mismo una niña delgadita, bajita, que alguien mayor con otra morfología. Es como una recompensa que tengan su propio aditamento. Te emociona mucho ver cómo se están desarrollando. Te motiva.
¿Cómo llevas el tema de las barreras arquitectónicas?
Hay tantas barreras que podrías decir, mejor ya no voy a trabajar, pero no le tienes que buscar, si no es por una puerta es por la otra. No estresarte, mejor lo tomas con calma, ves el paisaje… hay pocas personas empáticas con nuestra situación. Desafortunadamente, no somos conscientes de esas barreras o de nuestro cuerpo hasta que nos pasa algo.