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El cáncer no borró mi sonrisa: Karina Amatitla


Aída Espinosa Torres

La sonrisa en los ojos de Karina, al contar su historia, la acompaña durante toda la entrevista. Karina Amatitla Olivera tiene 38 años; le apasiona bailar zumba y aspira a construir lazos entrañables con las personas para toda la vida.

Es sobreviviente de cáncer de mama y se desempeña como enfermera desde hace 14 años en el ISSSTE. Gracias a las exploraciones que se realizó cada mes, después de su ciclo menstrual, pudo detectar el quiste que se desarrollaba en su seno izquierdo.

Karina no se alarmó porque pasaron los días y la bolita desapareció, pero después del siguiente ciclo volvió a aparecer el bulto, aunque más grande y firme. Inmediatamente acudió con los especialistas, en este caso, una internista, su amiga; rápidamente la mandó a realizarse los estudios: ultrasonido de mama y biopsia trucut.

Con voz pausada, pero clara, fue generosa con sus recuerdos, respira y nos cuenta: “El 27 de noviembre de 2021 recibí mi diagnóstico de cáncer de mama: carcinoma infiltrante, etapa dos -- es el tipo más común de cáncer de seno; aproximadamente cada ocho de 10 cánceres de seno son de este tipo--. Para entonces ya había acudido al Fucam (Fundación de Cáncer de Mama). Me confirmaron que el tumor medía aproximadamente 5 centímetros, y que era cáncer causado por el tratamiento de hormonas”.

Las hormonas

Seis meses antes del diagnóstico, con la mirada fija, rememora Karina: “Había pasado por un procedimiento hormonal debido a que me sometí a un tratamiento de reproducción asistida, el cual no pude concretar, por diversas razones, entre ellas, la económica. Cuál fue mi sorpresa, que al transcurrir unos meses me diagnosticaron el cáncer de mama derivado de un tratamiento hormonal”.

¿Dónde te dieron el diagnóstico y qué decidiste hacer?

“Primero, en el Fucam, ahí se reunieron seis médicos de todas las especialidades: ginecólogos, cirugía oncológica, etc. Me exploraron ambas mamas y después de ver los estudios me dijeron que debían hacerme la extracción del seno completo; fue un golpe muy fuerte para mí, pero sabía que tenía que afrontarlo.

 “A veces como paciente sientes que te dan el diagnóstico de forma muy fría: “Tienes cáncer”. Después, te explican que tienen que analizar cuál sería el tratamiento, si hay que operar, si se necesita quimioterapia. “Ese día yo iba acompañada de mi amiga Anahí, mi esposo estaba trabajando. Obviamente ese día lloré mucho, pero también actué.

“Debido al costo del tratamiento me trasladaron al hospital del ISSTE de Alta Especialidad en Tultitlán, ahí fui tratada por la médica oncóloga Marlene Nava y por el médico oncólogo Rommel Rodríguez, quien me operó.

“Finalmente me programaron la cirugía para el 17 de diciembre de 2021. Además de la mama me extirparon 16 ganglios que, aunque no tenían ninguna lesión, se quitaron por prevención. Empecé mi recuperación y ya no fui a trabajar, hasta el mes de julio del 2022”.

Escuchar nuestras emociones

¿Cómo fue el proceso y quién estuvo contigo?

Mi esposo, mi madre, mis amigos, mis compañeros de trabajo, todas sus palabras de aliento, su compañía y atenciones fueron muy importantes para mí. Un mensaje de aliento: “estamos contigo”, “estás en mis oraciones, “te extrañamos”, es vital para seguir y no caerte. Fueron mi principal motor.

También fueron importantes los cuidados de los médicos que me atendieron oportunamente. Soy una mujer de fe, nunca dejé de tenerla, de pedirle a Dios, de orar, eso me reconfortaba y lo único que le pedía es que no me dejara caer, que me diera fuerzas. Verte sin un seno no es fácil, es una pérdida, tienes que pasar por un duelo, aceptarte. No te haces a la idea, hasta que pasa. La pérdida de cabello también es fuerte, pero sabes que estás viva, que lograste trascender lo más difícil. Mi esposo estuvo conmigo todo el tiempo, y en apoyo también se rapo la cabeza.

Después de la operación siguen las quimioterapias, se te cae el pelo, tienes nauseas, te duele el cuero cabelludo, no puedes dormir, se te quita el hambre. Tengo que agradecer a la Fundación Cima que me donaron una peluca, una prótesis externa y turbantes; a la Fundación Salvati que me donó una manga para el linfedema que padecí por el cáncer. Es una experiencia difícil, pero mi sonrisa no se borró, sigo sonriendo a la vida, porque sigo viviendo y amando.

¿Te pueden hacer una reconstrucción mamaria?

Dentro de estos dos años me valorarán para saber si soy candidata a una reconstrucción; mientras, estoy usando una prótesis externa.

¿Qué fue lo más doloroso de este proceso?

Más que verme a mí en esta situación, me dolía ver a mi mamá sufrir, llorar por lo que me pasaba; eso me partió el corazón.

¿Cuál es tu temor más grande?

Que vuelva el cáncer.

¿Qué fue lo que más valoraste?

A mi familia, por su apoyo, por la fortaleza que me dieron, a mi mamá, a mi esposo. Agradezco a la doctora Marlene Nava, a mis amigas que estuvieron siempre: Anahí, a Alma Karina, Dafne, Montserrat, compañeras de trabajo, a la doctora Paniagua, el doctor Fabián, son los ángeles que me pusieron en mi camino. Son pocas personas las que menciono, pero fueron muchas más las que me alentaron y estuvieron al pendiente.

¿Qué dirías a las mujeres que quieran prevenir el cáncer?

Que no tengan miedo, que vayan al médico, que se exploren, que no se dejen, para que reciban un tratamiento oportuno.

¿Qué quieres hacer en un futuro?

Primero, cuidar mi salud, estar más tiempo de calidad con mi familia. Si salgo librada de otro tumor, durante estos 5 años, de vigilancia rigurosa, quisiera ayudar a otras personas que pasan por lo que yo pasé, contar mi historia, mi experiencia, también donar a las fundaciones que me ayudaron a mí, pero sobre todo quiero valorar la vida y vivirla.


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