Juventina Bahena
Como visto a través de un caleidoscopio, nuestro entramado legal se ha transformado con los cambios de régimen o de gobierno, y el sistema electoral y sus instituciones no son la excepción, por el contrario, considerando que es la base material del sistema político.
Desde 1917, con la ley Carranza, por ejemplo, ya se regulaba la figura de legisladores independientes y después hubo otros cambios importantes donde se incorporaron los diputados de partido, los plurinominales, se “ciudadanizó” el IFE, luego trascendió a la autonomía del INE, o las cuotas para lograr la paridad de género, en fin, ha habido una serie de reformas trascendentales y ahora nuevamente se va a presentar otra.
¿Cómo dimensionar esta nueva propuesta? Es el diputado Federico Döring Casar (PAN), con 25 años consecutivos de experiencia legislativa como diputado local, federal y senador de la República, quien nos responde en una charla con la Revista Cámara, periodismo legislativo.
Con esta nueva reforma, expone, se pretende dar reversa a lo que se ha avanzado en años. “El marco legal que tenemos, aunque no es perfecto, permite la competencia y el mejor ejemplo es Morena, que se creó en 2015, y tres años después ganó la presidencia. La legislación electoral se puede mejorar y uno de los puntos más importantes es sacar el dinero y los candidatos del narco de los procesos electorales. Si tenemos hoy una diputada independiente, anteriormente tuvimos un gobernador independiente, Jaime Rodríguez ‘El Bronco’, en Nuevo León, porque el sistema garantiza la certidumbre de quien compite, y es el ciudadano el que decide quién gana; nadie conoce el resultado de antemano. Si las reglas están ‘cuchareadas’ y los dados están cargados a favor de alguien, el estímulo para salir a votar es casi nulo y la democracia pierde el sentido”.
Al profundizar en este punto, plantea que, si se le quita el carácter ciudadano al INE, “se hace una burda copia de los acordeones para la elección de magistrados, jueces de distrito y ministros de la Corte.”
—¿Quién contó esos votos? no fueron los ciudadanos y tampoco tenían una autoridad ante la cual quejarse de esos que fueron abogados de narcos y ahora son jueces o magistrados. Se rebasaron los topes de campaña, se imprimieron los acordeones desde el gobierno, se condicionó a través de los programas sociales y no se sancionó absolutamente a nadie. Desde los comités de evaluación se dejó fuera a todos los que piensan distinto, a todos los que no tenían una línea de pensamiento afín al gobierno. Entonces, si se quita la democracia de manos de los ciudadanos con el pretexto de que los elige el pueblo sabio para que los controlen y manipulen con programas sociales, ya no es democracia.
¿Los miembros del Poder Judicial electos no se merecen ni el beneficio de la duda? Es decir, dependiendo de cómo fueron electos ¿harán muy mal papel?
—Es que la condición en la que llegan, sin autonomía, ya preconfigura mucho de su actuar. Se puede ser un abogado honesto, con probidad, con ética, con decencia, con ganas de hacer las cosas, pero si le tiene que hipotecar su alma a Morena para poder estar en la boleta y en las listas de los acordeones que desarrolló y distribuyó la Secretaría del Bienestar, pues llegan con toda su probidad y sus ganas de impartir justicia bastante menguadas, hipotecadas. También habrá gente que intente hacer las cosas bien, pero tiene la espada de Damocles del Tribunal de la Santa Inquisición, donde los que son afines a Morena van a poder acabar con lo que queda de Poder Judicial independiente.
“Si la Corte es tan buena, por qué se le quitó a los ciudadanos el juicio de amparo? ¿Por qué les complicó el amparo colectivo a los mexicanos que no tienen dinero para pagarse un abogado caro y tener acceso a la justicia para defender su tierra, su medio ambiente, la biodiversidad, sus ejidos, sus propiedades más básicas?
Pero se dijo que hubo un abuso del amparo y que no eran necesariamente los pobres los que podían recurrir a ello, sino la gente con capacidad económica ¿Qué se pudo haber modificado y qué no? ¿Qué se debió haber dejado y qué no en el juicio de amparo?
—Pues lo que hicimos cuando éramos senadores, cuando se elevó a rango constitucional el amparo colectivo. Fue una propuesta que hizo Manlio Fabio Beltrones, del PRI, él encabezaba la propuesta y nosotros la apoyamos, en un gobierno del PAN. Con ello se dio la posibilidad a la gente de defender sus derechos fundamentales, si no con un abogado caro, mediante organizaciones no gubernamentales, como lo hicieron, por ejemplo, con el Tren Maya, que defendían su biodiversidad; como lo intentaron los machetes de Texcoco contra el aeropuerto de Fox. Esas personas no tenían un abogado caro, pero tenían herramientas para, en un amparo colectivo, defender su tierra. Se debió haber fortalecido el amparo social, colectivo.
Ahora, quienes tendrán más posibilidad de interponer los amparos, curiosamente, con todo lo menguado del marco, son los que tienen dinero para contratar un abogado.
Con lo que ya conocemos de la reforma electoral ¿en qué puntos de la propuesta podrá haber algún consenso?
—Pues la pregunta es para la presidenta y para el gobierno, ni siquiera han dialogado. Las reformas electorales, tú lo has visto, se construyen desde el Congreso, no desde el gobierno. El gobierno lo que hace es organizar el diálogo; no hace una reforma el gobierno. Para ganar más elecciones, las reformas electorales tienen por objeto generar mejores condiciones democráticas, mayor equidad, mayor certeza electoral para que los que pierden tengan menos excusas para no reconocer el triunfo del adversario. Lo que ellos están encaminando es exactamente lo contrario. Tan es así que, si ves la evolución de la línea de tiempo, cada vez veo menos aquiescencia del PT y del Verde para acompañar esa propuesta con la que no tienen la misma línea de pensamiento; si esos partidos votan la reforma en los términos en los que está planteada, van a desaparecer.
Otro punto de conflicto es la propuesta de desaparecer los plurinominales, y Federico Döring justifica de la siguiente manera la permanencia de los pluris.
—El espíritu de las plurinominales es que aun donde no gana un partido, existe alguien que dé voz a los votos del perdedor. La democracia no es como un partido de futbol, de que el que gana, gana todo, y el que pierde, pierde todo. También levantar la voz y pensar distinto es un valor democrático. Lo que propone Morena es un mecanismo en el cual, el que gane, gane todo y el que pierda deje de existir.
“Te pongo el ejemplo de Morena. Cuando ganó en 2015, eran en total 35; de ellos, 14 eran de mayoría. Si no hubiera habido pluris, la bancada de Morena en 2015 hubiera sido del 2.8% del tamaño de la Cámara y para conservar el registro debían tener el 3%. Cómo le van a hacer ahora para convencer al Verde y al PT que tienen las bancadas más grandes en su historia, y que las van a ver reducidas porque les van a reducir sus pluris.
Volviendo a la presentación de iniciativas, el Ejecutivo tiene el derecho de presentar iniciativas y luego enviarlas al Congreso para su discusión y eventual aprobación. En el caso de la reforma electoral ¿habrá puntos que la oposición pueda negociar; que se incluyan algunas de sus propuestas o que se modifiquen algunas de las propuestas que haga la presidenta?
—No, yo no lo veo así, con toda sinceridad. Con los gobiernos anteriores, del PRI, del PAN, del PRD —porque a mí me tocó lidiar con las mayorías del PRD en la Ciudad de México, cuando ese partido gobernaba esta ciudad—, se reconocía el valor del consenso. Para esos partidos, sacar un tema de consenso tenía un valor político, era un valor democrático, legitimaba la decisión política. El que todo mundo se pusiera de acuerdo era algo que la opinión pública celebraba porque te daba la garantía de que estaba, dentro de lo que cabe, bien hecho; de que era una legislación justa, sobre todo en materia electoral, porque las reglas las aceptaban todos los que iban a participar en una elección. Eso ya no existe, desde el intento del plan A y el B que detuvo la oposición.
“Yo no escucho que el gobierno ni que la mayoría tengan la menor intención de sacar una forma de consenso. No quieren ni dialogar con la oposición, nada más quieren que la oposición les convalide su falsa democracia en una foto como si hubiesen dialogado. Con nosotros, pues habrá que ver qué se presenta, pero si no es una reforma de consenso, aunque tuviera avances políticamente, es un retroceso, porque lo que daba la garantía de que las reformas estaban bien hechas era que las aceptaran.
En este sentido, hay dos posturas irreconciliables ¿no es así? Son posturas que no ceden. Tanto Morena como el PAN, el PRI no ceden. Entonces eso impide acercarse un poco al consenso. También seguramente tiene que ver con visiones distintas de este país ¿Qué se necesitaría para que cada partido pudiera ceder un poco?
—No hay posibilidad de eso, y si la hay, el problema es el gobierno. Me explico, yo coincido contigo, hay temas donde las posturas no son conciliables y pues ni modo, quien tenga la mayoría la va a ejercer y para eso son las urnas y la democracia. Si la mayoría de la gente decide que le va a gobernar un partido durante un periodo específico de tiempo y si ese partido tiene mayoría, tratará de sacar adelante las reformas, ojo, de su programa de gobierno. La gente vota por un programa de gobierno, pero no vota por un partido para que extermine al otro; no se vota por un partido para que acabe con la democracia o que imposibilite el triunfo de otro partido. La gente simplemente dice este candidato o candidata me parece mejor que otro. Éste es el que quiero que me gobierne, no es el que quiero que dinamite la democracia y al resto de los participantes en la democracia.
“Entonces, me pueden ‘mayoritear’ en temas como el gasto público, por ejemplo, porque se saca adelante un presupuesto con una visión de gobierno para los proyectos que le parezcan importantes. Incluso, en el tema del litio, si deciden que no participe el sector privado en la explotación de este recurso y quieren que sólo el gobierno se encargue de ello, pues es una visión de hacer las cosas; o en materia energética que se limitó la participación privada. Eso es válido, en la medida en la que se desarrolla una visión de país. Pero eso no aplica para las reglas electorales.
“La excepción siempre han sido las reformas electorales porque el bien tutelado es la incertidumbre, y que el ciudadano pueda decidir a quién elige, porque las reglas tienen que ser aceptadas por todos. Entonces, se puede mayoritear en temas ideológicos, no en las reglas de la democracia, donde lo más importante es esa incertidumbre y los candidatos independientes son el mejor ejemplo. ¿Cómo explicaríamos que ganó El Bronco en Nuevo León? No tenía ni partido. Y le ganó a los partidos históricos porque la gente decidió.
“Otra de las excepciones es la forma en que ha ido avanzando la legislación a favor de las mujeres; primero fue que uno de tres candidatos tenía que ser mujer, luego la equidad en el sentido de que fueran postuladas en las mismas condiciones que los hombres en aquellos lugares donde no tenían posibilidades reales de triunfo. Esas reformas salieron de consenso porque las mujeres se pusieron de acuerdo entre ellas, de todos los partidos; en materia de acciones afirmativas para afrodescendientes, para pueblos y barrios originarios, para migrantes, etcétera. Son reformas que se han aprobado por unanimidad porque nadie está legislando a favor de su partido, sino a favor de una causa y esa nueva regla electoral obliga a todos que hay que postular una cuota de jóvenes, una cuota de diversidad, de afrodescendientes. Esas reglas las aceptan todos, no se imponen, pues entonces estaríamos hablando de una elección de Estado, y se le quita al ciudadano la posibilidad de elegir porque ya no hay incertidumbre de quién ganará la elección.
Secretario en la Comisión de Hacienda y Crédito Público e integrante de las comisiones de Cambio Climático y Sostenibilidad, y Seguridad Ciudadana, el diputado Federico Döring Casar es tajante al asegurar que “el gobierno quiere tomar su estrategia y sus reglas electorales internas para seleccionar candidatos e imponérselo a México, pero los que no militan en Morena no tienen por qué aceptar las reglas de ese partido sino las que se dé el país. No es posible competir electoralmente en un país donde el árbitro dé las reglas y todo el andamiaje esté diseñado para que gane sólo un partido político conforme su visión de democracia”.