Por Juventina Bahena
Primero se aprobó duplicar las vacaciones de 6 a 12 días; luego, la desconexión digital para que cuando se realice el trabajo en casa, la empresa o los patrones respeten el horario y no llamen ni envíen correos fuera de ese turno. Ahora van por la jornada de 40 horas con 2 días de descanso.
Son acciones que se inscriben en una agenda legislativa en la que se disputa el tiempo libre de trabajadoras y trabajadores para que lo destinen a descansar o a diversas actividades porque “hay que trabajar para vivir y no vivir para trabajar”.
En esta entrevista, Patricia Mercado Castro, diputada de Movimiento Ciudadano (MC), desmitifica el trabajo como la gran aspiración de una persona en cuyos hombros descansa la productividad de una empresa a costa del tiempo libre y la salud. Ella emprendió una lucha desde hace varios años por recuperar un tiempo que no alcanza para realizar actividades personales.
Nos importa el salario, dice, pero también se trata de una disputa por el tiempo, y a quienes nos interesaba más es a las mujeres, no tanto a los hombres, que andan en la calle con otras responsabilidades más de proveeduría. Nosotras tenemos la responsabilidad del cuidado de los niños, las niñas, adultos mayores, enfermos, discapacitados, en fin. El INEGI siempre ha dicho que las mujeres tenemos pobreza de tiempo; siempre andamos corriendo para cuidar aquí, pero hay que cubrir la jornada laboral, pero hay que vender, pero hay que cobrar para tener percepciones que nos permitan un poco de autonomía económica
La brecha salarial entre hombres y mujeres es del 20% porque no podemos aceptar trabajos más calificados y quizás mejor pagados por esas responsabilidades de cuidar a otros. Lo que tenemos que hacer es distribuir esas responsabilidades entre hombres, mujeres, familias, comunidades, empresas y, por supuesto, el Estado. Tenemos que formar empresas que ofrezcan espacios para cuidados mientras las mujeres cumplen ahí una jornada laboral.
La economista sonorense se ha sumado a las causas laborales en México desde que participó en la formación de partidos políticos y organizaciones civiles. Asumió cargos públicos como el de secretaria de Trabajo en el Distrito Federal en 2014 y secretaria del gobierno de Miguel Ángel Mancera, en 2015.
Desde la perspectiva que le da ser observadora en primer plano del desarrollo de una sociedad cambiante, menciona que también los trabajadores jóvenes se interesan por su propio tiempo.
“La pandemia nos enseñó a tener mayor conciencia de que la vida y la muerte se pueden producir en un segundo y, por tanto, no se puede dedicar la vida al trabajo cuando hay otros disfrutes y bienestares de la vida. Sin embargo, la carga de tiempo que tenemos las mujeres por la responsabilidad de los cuidados de otros nos impide ascender a otro puesto de trabajo mejor pagado o atender asuntos laborales por periodos cortos fuera del hogar, que aceptamos pues hay que cuidar de los niños o de la madre enferma, etcétera, y seguimos con el mismo salario por atender otras responsabilidades domésticas”.
¿Qué impacto habrá en la salud física y mental de trabajadores y trabajadoras con esta reducción escalonada del horario que se hará efectiva plenamente hasta 2030?
—La Organización Mundial de la Salud tiene evidencia de que México es un país donde 75 por ciento de sus trabajadores, trabajadoras, viven con estrés laboral que se manifiesta en ansiedad, cansancio; están ausentes. aunque estén haciendo su trabajo. Esta condición nos ubica muy por encima de economías incluso más pequeñas. De ahí la importancia de reducir la jornada de 48 horas a la que estamos obligados desde hace 100 años, a 40, que significará reducir el estrés laboral.
Con dos días de descanso se puede destinar uno en los preparativos para ir al día siguiente a trabajar; con seis, apenas alcanza un día para atender pendientes de la vida cotidiana, de salud física, visitar o cuidar a la familia, o simplemente reposar, atender enfermedades. Solamente un día en que no hay que levantarse a las 4:00 de la mañana para tomar el transporte público y llegar a las 8:00 al trabajo y luego de regreso a casa.
Estamos viviendo para trabajar y reducir la jornada nos da la posibilidad de trabajar para vivir y no al revés. Ese bienestar se puede expresar en un mayor apego a su trabajo, a las empresas; que el trabajo no los quiebre, que no se convierta en una calamidad, por el contrario, verlo como parte de la vida, de lo que dignifica vivir del salario, de los ingresos, de lo que hacemos, que nos permita conciliar la vida personal, familiar, con el mundo laboral. Hay que reconocer que la esfera laboral tiene repercusiones para las familias, las comunidades y el país.
¿Qué dificultades hubo con el sector empresarial para conciliar la disminución de la jornada laboral?
—En Movimiento Ciudadano, el diputado Juan Zavala y yo hicimos una gira por unos ocho congresos locales y se sentaron a la mesa empresarios del estado, representantes sindicales, de centros de investigación, organizaciones de la sociedad civil y en esa discusión que iniciamos desde hace tres años para reducir la jornada a 40 horas, parecía que todos estábamos de acuerdo con la propuesta. Y el sector empresarial pedía tiempo, que la medida no se implementara de un día para otro, sino de manera escalonada. Nosotros proponíamos 2 años de escalonamiento, pero la iniciativa que llegó del Ejecutivo plantea que se cumplirán plenamente las 40 horas hasta 2030.
En México estamos muy rezagados. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) acordó un convenio desde 1935 a fin de que la jornada laboral fuera de 40 horas, y nosotros convenimos una jornada de 48 desde 1917. Brasil tiene casi 40 años con la jornada de 44 horas, pero ya hay una propuesta del presidente Luiz Inácio Lula da Silva para reducirlo a 40 horas con dos días de descanso.
Insisto en que vamos muy atrasados; para 2030 faltan cinco años cuando otros países con economías más o menos semejantes a la nuestra ya empezaron hace varios años a reducir su jornada. El sector empresarial siempre habló de plazos, pero nunca estuvieron en cuestión los dos días de descanso. No tenían que ser seguidos y cada empresa, cada sector, podía pactar cómo daba esos días, incluso trabajador por trabajador, pero sorpresivamente sale esta propuesta del Ejecutivo, habiendo aquí un dictamen desde hace tres años a una iniciativa de la entonces diputada Susana Prieto, de Morena, y otra de nuestro coordinador nacional, el exdiputado Jorge Álvarez Máynez. Se logró construir un acuerdo en la Comisión de Puntos Constitucionales para cambiar la Constitución y disponer la semana de 40 horas con 2 días de descanso.
Tenemos nueve iniciativas desde la legislatura pasada y todas proponen 5 por 2, pero se dio de esa manera.
Hay algo que no se contabiliza en la jornada laboral: el tiempo de transporte; 68% de la población y de los trabajadores viven en zonas metropolitanas, duermen en un municipio, trabajan en otro y van a la clínica a otro. O sea, son zonas muy integradas, pero los tiempos de transporte son muy dilatados y eso no se cuenta en la jornada laboral. No estamos proponiendo contarlo, pero hay que considerarlo.
¿Cuál es la polémica con las horas extras?
—Como es una jornada de 40 horas, forzosamente quedan dos días de descanso, pero puede pasar que las 48 horas se completen con tiempo extra porque, de acuerdo con la reforma, se podrá trabajar hasta 12 horas extras, incluso más. Hasta hoy, se podía laborar hasta nueve horas extras a la semana, que se pagaban al doble y a partir de la novena se pagaban al triple. Ahora se alargó hasta 12 las pagadas al doble, o sea, se perdieron tres horas de triple pago y se alargaron las de pago doble.
En realidad, perdimos en horas extras porque aumentaron las de doble y desaparecieron las de triple. Los trabajadores no es que quieran trabajar más, quieren ganar más. Los empresarios pusieron otros temas en la mesa y les dijimos que siempre y cuando no se afectara derechos ganados. Y el asunto de las horas extras fue una regresión; es decir, ganamos las 40 horas, pero me estás quitando horas extras pagadas al triple y me la estás dejando doble.
¿Qué pasa con las personas que viven de propinas?
El Congreso no le puede entrar a ese asunto porque el patrón puede pagar lo que quiera a un mesero, por lo menos el mínimo. Ahí no se puede hacer nada porque son los clientes los que completan el salario de un trabajador que está en la industria de alimentos. Sin embargo, ya se aprobó una reforma legislativa en la Cámara de Diputados, que ya se envió al Senado para su validación, para que las propinas no se consideren como parte del salario; las propinas son aparte. Hay muchas empresas de servicios, como hoteles y restaurantes, que suman la propina para completar, por lo menos, el mínimo.
El argumento de las empresas es que los empleados quieren trabajar más de 40 horas para conseguir más propinas, cuando lo que hay que arreglar son los salarios, no que se trabaje tanto. Una situación así quiebra a la gente, le trae enfermedades. Mejor hablemos de salarios; que no tengan que trabajar tantas horas sin descanso para llevarse un poco de propinas. Si un mesero trabaja más de 40 horas, se le tienen que pagar horas extra, además de sus propinas.
Tenemos que reponer lo que se perdió, que después de las nueve horas pagadas al doble, las restantes se paguen al triple.