Por Aída Espinosa Torres
“Comencé a fotografiar por una curiosidad casi patológica”, admite Rodolfo Valtierra con una sonrisa que revela tanto obsesión como vocación. Originario de El Tejuján, Fresnillo, Zacatecas, el fotoperiodista convirtió esa pulsión en un archivo visual de la vida política mexicana.
El pasado 17 de febrero presentó en la Cámara de Diputados su exposición Mirada crítica, tres décadas, un recorrido que va de la irreverencia cívica de 1989 hasta el cambio político de 2024, con la llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia.
Valtierra dijo durante la inauguración: “Para mí, la cámara no es un escudo, sino un permiso para cruzar la frontera de las cosas y nutrirme de las verdades y contradicciones de la calle”. Antes de iniciar el recorrido por la muestra, el fotógrafo precisó: “Me alejo de la objetividad a través de mi propio punto de vista, para invitar al espectador a construir el suyo”.
“No creo en el lente como un cristal aséptico, sino como un aire que nos contagia. Lo que verán aquí no son sentencias, sino propuestas”.
Desde joven, Rodolfo Valtierra se familiarizó con rollos, placas y papel fotográfico. Creció en una familia de periodistas y, desde entonces, está inmerso en el mundo del fotoperiodismo. Participó en la fundación de la Agencia Cuartoscuro, pilar del fotoperiodismo nacional, iniciando una trayectoria que lo llevaría a documentar tanto la política institucional como la actividad contracultural del país.
Su formación se consolidó en el International Center of Photography de Nueva York. Ese mismo año, el World Press Photo lo nominó a la Joop Swart Masterclass, y obtuvo mención honorífica en la II Bienal Nacional de Fotoperiodismo.
En 2021, el fotógrafo fue despojado de su acervo físico: más de ocho mil negativos hoy perdidos. Sin los originales, cada pieza se levanta como un fragmento de memoria que se negó a desaparecer. Estas 23 imágenes adquieren una dimensión única: son huellas rescatadas.
“Mi lente busca capturar ese choque entre lo sagrado y lo profano, como el viacrucis inmigrante en Wall Street, también retando la dignidad a quienes convierten la precariedad en resistencia, como doña Candelaria, que usó una bolsa de plástico para cubrirse del COVID”.
Aquí presentamos una entrevista con el autor de las imágenes que cobraron vida en la Cámara de Diputados, concedida a la revista Cámara, periodismo legislativo, el día de la inauguración.
¿Qué te motivó a dedicarte a la fotografía?
Crecí en una familia de fotógrafos, de fotoperiodistas y esa fue la principal motivación, la principal razón por la que yo decidí ser fotógrafo. Crecí desde que yo tengo conciencia o uso de razón de la fotografía, así es que tampoco tuve mucha opción y me encanta.
¿Qué historias cuentas en este recorrido fotográfico?
Mirada Crítica es una retrospectiva compuesta por 23 imágenes que se han resistido al olvido. Es un recorrido visual por 36 años de trabajo dedicado a la fotografía de calle, urbana y el fotoperiodismo.
Si tuvieras que resumir en cuatro fotografías esta exposición, ¿cuáles escogerías?
La foto del perro en el Zócalo; como la irrupción cívica; el consumo de sustancias con un adicto a la cocaína; el vagabundo apuntándome… y quizá aquella, la del Hijo del Santo en su auto.
¿Por qué la del vagabundo?
Porque me gusta su mirada. Me atrae la dignidad y la resistencia con la que nos observa. No era un “chavo de la calle”, sino un niño de la calle que encontré en Balderas. Me descubrió cuando le tomaba fotos por la espalda; escuchó el clic y, de inmediato, volteó. Me apuntó con la mano en forma de pistola para decirme que no lo fotografiara. Y aun así lo hice. Me gusta.
¿Qué buscas antes de disparar a la cámara?
Que las imágenes me salgan como deben salir; que la técnica y la composición estén donde deben de estar.
¿Cómo defines la estética de tu trabajo en general?
Yo diría que es una composición clásica; justo hablaba de eso con un compañero. Es una composición arraigada en la tradición de la fotografía, pero me gusta habitar siempre esa frontera entre lo real y lo profano. Ese límite donde el fotógrafo se mueve en una realidad alterna, porque al final, quien decide qué se fotografía soy yo.
¿Qué significa para ti capturar estas imágenes que son parte del imaginario colectivo?
Ser fotógrafo es un honor y un profundo motivo de gratitud. Ha sido una fortuna estar en esos lugares, capturarlos y, sobre todo, compartirlos. Por eso digo que hoy es un día de fiesta, de alegría y de júbilo para la fotografía porque las imágenes se toman para mostrarse, y pocas veces los fotógrafos tenemos la oportunidad de exponerlas. Son apenas 23 piezas, sí, pero cada una vale la pena.

¿Qué relación estableces entre la música, la literatura y la fotografía?
Son expresiones del alma, manifestaciones de lo más profundo de nuestro ser. Imágenes que pueden alegrar o calmar, incluso cuando muestran escenas duras —como la de un hombre muriendo—, porque lo que transmiten es humanidad y conmoción. Más que imponer una interpretación, propongo que cada espectador haga su propia lectura.
¿Qué personaje o situación significó un reto?
Cada fotografía implica un reto. En la fotografía de los mariachis, por ejemplo, tuve que treparme a unos botes de basura para lograr que aparecieran todos los músicos en el encuadre. Las condiciones de luz suelen ser adversas y los espacios, limitados; cada toma exige esfuerzo físico y también técnico. La imagen del adicto es otro ejemplo. Creo que el verdadero éxito del fotógrafo está en el acceso que consigue y siempre existe una manera de alcanzarlo.
¿Qué características debería de tener un fotoperiodista y qué consejo le darías a los jóvenes que quieran dedicarse a esta actividad?
Hay que ser autocríticos. Es indispensable aprender a dominar la técnica: conocer los distintos formatos de cámaras, comprender las posibilidades de la iluminación. La técnica es la base, lo más importante para cualquier fotógrafo, sea de prensa, conceptual o de otro ámbito. Les diría que sean rigurosos con ella, que profundicen en su aprendizaje y, sobre todo, que mantengan siempre la autocrítica.
¿La imagen llega o la buscas?
Llega cuando la buscas.
Una mirada sin fronteras
Rodolfo Valtierra es autor del libro Sonidos de la Calle (1993), obra fundamental sobre el rock mexicano prologada por Carlos Monsiváis. Su trabajo ha formado parte de volúmenes históricos como Los torrentes de la sierra y Mirada y testimonio.
Las fotografías de este fotoperiodista han ocupado recintos internacionales: el ICP de Nueva York, el Festival de la Semana Negra de Gijón, España, el World Press Photo en Rotterdam y el Festival de Fotografía de la Vida Cotidiana de Dublín.
Sus imágenes han ocupado las portadas de los medios más influyentes del mundo: The New York Times, Time, Newsweek, Le Monde y El País. En México, en el Centro de la Imagen y en los diarios Reforma, Milenio, El Universal y La Jornada.
El diputado Monreal destaca la trayectoria de Rodolfo Valtierra
El diputado Ricardo Monreal Ávila, presidente de la Junta de Coordinación Política, encabezó la inauguración de la exposición fotográfica Mirada crítica, tres décadas, en el Palacio Legislativo.
Durante la ceremonia, recordó los orígenes del fotógrafo en Fresnillo, Zacatecas, y destacó la tradición artística de su familia. Monreal subrayó la sensibilidad, inteligencia y modestia de Valtierra, a quien describió como un colaborador cercano y gran amigo; resaltó el valor de su trayectoria fotográfica.
