Juventina Bahena
Como Estado independiente, México ha sido gobernado por regímenes de corte centralista, republicano, dictatorial, constitucionalista, desarrollista, autoritario, neoliberal, y se dice que nos gobierna un nuevo régimen político. ¿Es así? ¿Cómo lo construimos y cómo se denomina? La diputada Lilia Aguilar (PT) responde estos cuestionamientos para dar luz a los nuevos tiempos que nos tocó vivir.
—Claramente sí, dice categórica la diputada Lilia Aguilar, quien señala que éste inició en 2018 con una alternancia verdaderamente democrática que hicieron posible la Cuarta Transformación, con el trabajo político de Morena, el Partido del Trabajo y el Verde; y el cambio no está sólo en las políticas públicas, sino en que la población disfrute plenamente de sus derechos, aunque parezca que ya lo demos por sentado.
Un régimen se sustenta en un nuevo entramado constitucional para dar cauce legal a políticas públicas distintas a las diseñadas por el régimen que le antecede. De 2018 a la fecha se han aprobado 39 reformas constitucionales, como cimiento para el segundo piso de la llamada Cuarta Transformación. La presidenta Claudia Sheinbaum también ha enviado al Congreso iniciativas de reforma constitucional, por ejemplo, la de la no reelección y contra el nepotismo. En esta legislatura se someterán a votación unas 75 reformas a leyes secundarias derivadas de las reformas constitucionales que hasta ahora se han aprobado.
—Hemos llevado a la Constitución el derecho a la vivienda, el derecho a la seguridad alimentaria, a la energía y la protección de lo más básico para las personas; el derecho a la pensión universal y a las becas era impensable en los regímenes anteriores. Este nuevo régimen político ha ido por el tema del fortalecimiento de derechos y del relevo de la clase política corrupta que había dominado este país a lo largo de 70 años en el poder, más otros 12 que se le sumaron del Partido Acción Nacional. Vamos a decir, estábamos casi hablando de 90 años de un régimen político.
A este nuevo régimen le han dado por llamarlo humanista, ¿cómo lo llamaría usted?
—Nosotros lo hemos denominado el segundo piso de la Cuarta Transformación y ésta es la segunda etapa que tiene que ver, primero, con el replanteamiento y la redefinición del Estado y la instauración de derechos. Eso es lo que hizo el presidente López Obrador. Hoy estamos en una segunda etapa de derechos y políticas públicas para hacer realidad esos derechos, donde la clase política se consagra al servicio de la ciudadanía y no lo contrario. Este nuevo régimen político no solamente rechaza la corrupción, sino a los corruptos.
De las reformas constitucionales presentadas por AMLO que le fueron aprobadas por el Congreso, las más representativas son la creación de la Guardia Nacional, la abrogación de la reforma educativa de Peña Nieto y del sistema de evaluación de los maestros, la reforma al artículo 4 para garantizar servicios gratuitos de salud a las personas sin seguridad social; la pensión universal para adultos mayores o con discapacidad permanente y las becas para estudiantes.
Además, se estableció la figura de revocación de mandato del Presidente de la República y puede ser imputado y juzgado por traición a la patria, hechos de corrupción, delitos electorales y todos aquellos por los que podría ser enjuiciado cualquier ciudadano; se prohibieron las partidas secretas en el Presupuesto de Egresos y la condonación de impuestos a particulares, además de que se amplió el catálogo de delitos por los que se impone prisión preventiva oficiosa.