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Como agua para chocolate


Harumi Moreno Flores 

La historia de Tita de la Garza es un pilar del realismo mágico mexicano que no necesita presentación. Sin embargo, esta nueva adaptación de HBO (ahora Max), producida por Salma Hayek, se propone expandir el universo culinario y emocional que Laura Esquivel plasmó en el papel, dándole un aire renovado, pero profundamente respetuoso con sus raíces.

Ambientada en el México revolucionario, la serie sigue a Tita (Azul Guaita), quien nace y crece en la cocina familiar, marcada por una tradición implacable: al ser la hija menor, está condenada a no casarse nunca para cuidar a su madre, la autoritaria Mamá Elena (Irene Azuela). Privada del derecho a decidir sobre su propio destino, Tita encuentra en la cocina no solo un refugio, sino una forma de resistencia. Sus emociones —amor, tristeza, deseo— se filtran en los ingredientes manifestándose físicamente en quienes prueban sus platillos.


En este contexto surge la relación con Pedro Muzquiz (Andrés Baida), el gran amor de Tita y, al mismo tiempo, la herida que nunca cicatriza. Incapaz de enfrentarse a las normas familiares impuestas por Mamá Elena, Pedro toma una decisión devastadora: casarse con Rosaura, la hermana de Tita, con la esperanza de permanecer cerca de la mujer que realmente ama.

Este acto condena a ambos a un vínculo hecho de silencios, miradas furtivas y pasión reprimida que se prolonga durante años. Mientras Pedro oscila entre el deseo y la cobardía, Tita transforma su dolor en fuerza creativa, convirtiendo cada platillo en un lenguaje alternativo para expresar lo que le está prohibido decir en voz alta.

La producción logra algo complejo: alejarse de la sombra de la icónica película de 1992 para construir una identidad propia. La dirección de Rodrigo García Barcha —hijo de Gabriel García Márquez— y Kenya Márquez apuesta por un ritmo pausado y una estética cuidada, donde el vapor de las ollas, la textura de los alimentos y el color de los chiles parecen traspasar la pantalla, reforzando el tono sensorial del relato.

El reparto es uno de los mayores aciertos. Irene Azuela ofrece una Mamá Elena cuya rigidez se siente casi física, encarnando la violencia de las tradiciones llevadas al extremo. Azul Guaita, por su parte, logra una Tita contenida, pero poderosa, vulnerable y resiliente a la vez. La relación entre las hermanas y el misticismo que rodea a la cocina enriquecen la narrativa más allá del romance, dotándola de capas emocionales y simbólicas.

Tras el éxito de su primera entrega, la historia de la familia De la Garza continúa. La segunda temporada se estrenará este próximo 15 de febrero; promete profundizar en las consecuencias del amor prohibido entre Tita y Pedro, así como en el peso de las decisiones tomadas bajo la constante vigilancia de Mamá Elena.

Como agua para chocolate es una serie que celebra la sensualidad, el deseo y la tradición, recordándonos que la cocina no es solo un acto doméstico, sino un espacio de memoria, resistencia y expresión emocional. Es una historia que se cocina a fuego lento y se disfruta bocado a bocado.

México (2024) DIRECCIÓN: Rodrigo García Barcha, Kenya Márquez. GUION: Francisco Javier Royo Fernández, María Jaén, Jimena Gallardo (Basado en la novela de Laura Esquivel). MÚSICA: Murcof. FOTOGRAFÍA: Ximena Aman, Serguei Saldívar Tanaka. REPARTO: Azul Guaita, Irene Azuela, Ana Valeria Becerril, Andrea Chaparro, Andrés Baida, Ángeles Cruz, Mauricio García Lozano, Ari Brickman, Louis David Horné.


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