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Virginia Woolf, inteligencia en movimiento



“Virginia es enorme”, afirmaron Isaura Leonardo y Ruth Brenes, apasionadas de las letras y de la obra de Virginia Woolf. Durante la primera sesión del círculo de lectura organizado por el Espacio Cultural San Lázaro, bajo la dirección del doctor Elías Robles en la Cámara de Diputados, las editoras compartieron sus reflexiones sobre la obra de la célebre escritora inglesa, en el marco de la conmemoración de su natalicio.

Virginia Woolf, afirman en entrevista con la revista Cámara, periodismo legislativo, abordó temas incómodos para su época: habló abiertamente de dinero; comparó los ingresos de hombres y mujeres; también reflexionó sobre la enfermedad, asuntos que hoy resultan especialmente vigentes.

Isaura Leonardo es egresada de la licenciatura de Letras hispánicas en la UAM y coeditora de la revista Jerónimo MX. Ha trabajado con el tema de la enfermedad y la escritura durante varios años, y es ahí donde conoce a Virginia Woolf. Ruth Brenes, es doctora en Filosofía por la UNAM; se especializó en temas de lenguaje, testimonio y herida.

¿Cómo definirían a Virginia Woolf?

Isaura: Virginia es enorme. Creo que fue una mujer inteligentísima. Su obra es vasta, diversa y profunda: incursionó en múltiples géneros, incluso en el teatro; quizá la poesía fue la única forma que no exploró. La definiría como mujer brillante y lectora voraz.

¿Qué innovaciones aportó a la narrativa de su época?

Isaura: Es reconocida como la gran representante de la corriente de conciencia y del monólogo interior, aunque su legado va mucho más allá. Su ensayo Tres Guineas, sobre la guerra, el pacifismo y la educación de las mujeres, sigue siendo un privilegio poco común en nuestros días. En sus ensayos no usa un lenguaje articulado, sino lo que uno va pensando, donde se enlazan temas que aparentemente no tienen relación y simplemente ocurren.

Ruth: En el ensayo Estar enfermo, de repente está hablando sobre el cuerpo, sobre la enfermedad, y de repente empieza a hablar de unos vestidos azules y se va. Le daba mucha rienda suelta a su propio pensamiento.

Isaura: En Tres Guineas, que es un ensayo sobre qué haría ella para evitar la guerra, se convierte en una crítica al patriarcado, es realmente innovadora porque sigue vigente.

Hay críticas a la cantidad de dinero que no se remunera, en cuanto a cuidados y al trabajo del hogar. Ella hace cálculos y dice, bueno, si las mujeres cobráramos por el trabajo que hacemos en la casa…

Por ejemplo, afirmaba: “¿De qué manera quiere usted que le dé mi opinión sobre cómo terminar la guerra si usted y yo realmente no somos iguales? Yo no tengo derecho a entrar a la universidad”.

En ese sentido, Virginia Woolf fue una lectora profundamente consciente de su tiempo. No estuvo adelantada a él, y justamente eso la convierte en la bestia que es. Sus palabras nos recuerdan cuánto nos debe aún la sociedad y cuánto nos debe también el Estado.

¿La escritura puede ser terapéutica?

Ruth: La escritura puede acelerar las compulsiones, intensificar el flujo de ideas. Más que terapéutica, yo la definiría como catalizadora: puede impulsarte en una dirección o llevarte hacia otro lugar. Nos conecta de manera distinta con el mundo, aunque a veces también nos desconecta de la realidad. Puede llegar a aislarnos profundamente.

Isaura: Sí, cuando se vuelve problemático, cuando duele, cuando no puedes seguir, creo que es mejor parar.

Una mujer de su tiempo

Siguiendo con el análisis de su obra y pensamiento, Isaura Leonardo afirma que Virginia Woolf leía su tiempo con una claridad y una capacidad de desafío excepcionales. Sus críticas revelan cuánto nos sigue debiendo la sociedad y el Estado, pues muchas de sus críticas continúan vigentes.

¿Y cómo fue la lectura en su tiempo y cómo se lee ahora su sobra?

Isaura: Virginia Woolf fue una artista y escritora profundamente ligada a su tiempo. De pronto, al leerla, uno se da cuenta de que muchas de las críticas que plantea en Sobre estar enfermo o en Una habitación propia siguen vigentes para nuestra labor como escritoras. Hablamos de textos publicados entre las décadas de 1920 y 1940, cuyo impacto se estudia hoy desde la llamada teoría de la recepción, es decir, cómo fueron recibidos en su momento.

En su tiempo, no creo que haya sido bien recibida, porque hablaba de dinero y hacía cuentas. Existía un almanaque donde se publicaba cuánto ganaba cada profesión, y ella señalaba: “Fulano gana tanto y una mujer gana tanto”. Con ello ventilaba un tema incómodo: el dinero. También escribía sobre la enfermedad —un asunto que hoy está muy en auge—, sobre feminismo y pacifismo. Es probable que no le cayera bien a mucha gente en su época.

Ahora es innegable que es conocida. Es una de las grandes de la literatura.

Ruth: Se le reconoce también como una de las fundadoras del feminismo, pues tanto en sus ensayos como en sus novelas sostiene una postura crítica frente al papel que ocupa la mujer en la sociedad. A diferencia de los hombres, que ya podían vivir de la escritura y gozaban de cierto prestigio, en Una habitación propia Woolf señala que, en el caso de las mujeres, escribir aún era visto como un síntoma de enfermedad, esquizofrenia o crisis nerviosa.

También hace algo que me parece muy hermoso: reconoce a quienes la precedieron y abrieron el camino para todas. Menciona, por ejemplo, a Jane Austen y a Aphra Behn, escritora que además fue espía y autora de la primera novela antiesclavista. Woolf no solo abrió el camino al escribir, sino también al ganar dinero con esa actividad, algo que para ella resultaba fundamental. En Una habitación propia afirma: “A mí me cambió el ánimo por completo saber que iba a recibir una mensualidad, porque ya podía dedicarme a pensar en las cosas que me interesan”.

¿Qué opinan de la afirmación: “Para que una mujer escriba debe de tener dinero y una habitación propia”?

Isaura: Sí, por un lado, pero también creo que escribir, como decíamos, es un acto muy solitario. De pronto hay que abrir esa habitación y escribir con otros y otras.

Ruth: En ese momento, Virginia Woolf hablaba desde su propio contexto. Una habitación propia aludía a la organización de las casas de la época, divididas en espacios específicos: el cuarto de costura, el de música, el de libros. En cada uno había tareas asignadas y, además, constantes interrupciones. Su propuesta era, en realidad, la posibilidad de contar con un espacio propio donde poder decir: “voy a escribir, déjenme”.

Por otro lado, Gloria Ansaldúa, que es una escritora chicana contemporánea, le contesta de cierto modo y dice: “olvídense de la habitación propia. Lo que hay que hacer es escribir en la cocina, en el baño. Mientras estás lavando los platos, permitiendo que las ideas fluyan”.

Virginia Woolf, la voz que abrió una habitación propia

Virginia Woolf (1882–1941) nació en el seno de una familia británica de marcado ambiente intelectual. Se casó con Leonard Woolf, con quien fundó la editorial Hogarth Press, y mantuvo vínculos afectivos y creativos con figuras como Vita Sackville-West. Sin embargo, su vida estuvo atravesada por profundas crisis de salud mental que marcaron tanto su obra como su trágico final.

Considerada una figura esencial del modernismo, perfeccionó la técnica del “flujo de la conciencia”, explorando la intimidad del pensamiento más allá de los hechos externos. Autora de novelas como Mrs. Dalloway, Orlando y Las olas, dejó también un legado feminista con Una habitación propia (1929), ensayo en el que reflexiona sobre la relación de las mujeres con la educación y la escritura, defendiendo su independencia como condición para la creación literaria.


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