Ayliana Barragán Álvarez, Dir. de Estudios Macroeconómicos.
Centro de Estudios de las Finanzas Públicas Ifigenia Martínez y Hernández
Luego de las acciones que llevó a cabo Estados Unidos (EE. UU.) el pasado 3 de enero de 2026 con la intervención militar denominada “Operation Absolute Resolve” y el anuncio de la recuperación de los activos petroleros estadounidenses establecidos en ese país, se observó un conjunto de reacciones en los diferentes mercados internacionales.
Por un lado, en el medio bursátil subieron las acciones de empresas vinculadas al sector energético y tecnología. Con excepción del Merval argentino, en la primera semana de actividades bursátiles, las principales bolsas de valores mostraron desempeños positivos que respondieron al mayor optimismo de los inversionistas ante la situación del entorno internacional.
En el mercado cambiario, el dólar se fortaleció por la mayor demanda de activos de refugio (como los metales), propiciando una depreciación de la moneda mexicana. El lunes 5 de enero, el tipo de cambio USD/MXN rebasó la barrera de los 18 pesos por dólar (18.0012 ppd); lo que significó una depreciación de 0.27 por ciento (4.84 centavos); que se explicó principalmente por la incertidumbre regional. Sin embargo, esta reacción fue solo temporal y acotada, pues en los siguientes días, el tipo de cambio regresó a niveles por debajo de los 18 ppd, reflejando una recuperación frente al cierre previo.
Por su parte, en el mercado petrolero, después de los acontecimientos señalados, los precios internacionales de los crudos de referencia revirtieron la tendencia a la baja que venían observando en los últimos días de diciembre. Al 9 de enero, el precio del barril de petróleo tipo Brent cerró en 62.77 dólares por barril (dpb), un aumento semanal de 2.0 dpb (3.3%); en tanto que, el WTI se colocó en 58.65 dpb, teniendo un alza de 1.32 dpb (2.3%); mientras que la Mezcla Mexicana de Exportación se situó en 54.97 dpb, lo que implicó un incremento de 1.35 dpb (2.5%), respecto al cierre del 31 de diciembre de 2025.
Sin embargo, los efectos de respuesta fueron limitados, tanto en los mercados financieros como en el petrolero, derivado de que aún no hay una certeza definitiva en el manejo de los recursos petroleros venezolanos, pues el nivel de precios se encuentra acotado por la dinámica de la oferta y demanda mundial de crudo, así como por los problemas estructurales de la industria venezolana.
En ese sentido, es necesario destacar, que actualmente la demanda mundial de crudo se encuentra débil, anclada a un crecimiento económico mundial moderado, menor al ritmo observado en el periodo pre-pandemia y el cual se estima para 2025 en 3.2%1.
La administración norteamericana juega ahora un papel clave en la reconfiguración del mercado petrolero global, a través de lo que sería el control de los flujos del crudo venezolano, pues el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el control de los activos petroleros estadounidenses que se encuentran en Venezuela y autorizaría la venta de hasta 50 millones de barriles de petróleo que habían estado bloqueados por las sanciones al país sudamericano, aseverando que los ingresos que se obtengan por esas ventas se gestionarían bajo control estadounidense, con la justificación de beneficiar tanto a Venezuela como a EE. UU.. Ello podría significar un reordenamiento del comercio del energético cuya demanda estaba más vinculada al mercado chino; así como implicaciones directas tanto para la oferta mundial de petróleo como para la dinámica de sus precios internacionales de referencia. Ante este cambio abrupto en el entorno petrolero se plantean algunos posibles escenarios:
Como ya se mencionó, se observaron algunos efectos inmediatos en los mercados financieros y en los precios del petróleo. Sin embargo, estos fueron acotados, toda vez que la situación actual del propio mercado, en la que hay un exceso de oferta y una demanda débil ante el crecimiento económico mundial que avanza a un nivel moderado frenaron el alza en los precios del crudo. Las reacciones manifestaron respuestas optimistas de los inversionistas ante la posibilidad de un nuevo panorama para las inversiones petroleras en el país latinoamericano. No obstante, se prevé que, si bien se busca abrir el sector energético venezolano a la inversión estadounidense, ello requerirá de onerosas inversiones que, según analistas, se estiman en más de 100 mil millones de dólares para restablecer la infraestructura venezolana y alcanzar mayores niveles de producción2 (actualmente la producción de crudo en Venezuela es alrededor de un millón de barriles diarios), a lo que se suman las limitaciones en su marco jurídico para que las empresas extranjeras inviertan libremente; situación a la que se encuentran renuentes compañías como ExxonMobil y ConocoPhillips. Se estima que este escenario mantendría los precios de referencia en un nivel de entre 57 y 62 dpb, como se observó en los primeros días de enero.
En el caso de que se presentaran presiones políticas por parte de países como Rusia y/o China frente al control de las reservas petroleras venezolanas, las consecuencias para el mercado petrolero internacional y los precios del crudo serían geopolíticamente significativas y económicamente volátiles; además de que podrían surgir nuevas coacciones comerciales en el escenario actual. Cabe comentar que China es comprador tanto de crudo venezolano como del estadounidense; y cuenta con inversiones en el sector energético de Venezuela, por lo que se esperaría también negociaciones amplias entre ambas potencias (EE. UU. y China) respecto a este tema
Si bien Rusia podría intensificar sus respuestas frente a EE. UU. o a través de escalar el conflicto con Ucrania, la situación en Medio Oriente y un escalamiento del reciente conflicto civil en Irán podrían frenar el abasto de crudo, lo que se convierte en otra atenuante para la oferta, pero sería un factor que influiría en el alza en los precios del crudo aunado a la volatilidad en los mercados.
Si la producción y las exportaciones de crudo venezolano se reintegran a los mercados internacionales aumentarían la oferta, presionando los precios a la baja, en caso de que prevalezca un crecimiento mundial moderado y, por consiguiente, la demanda de crudo permanezca en niveles moderados o desacelere.
Por el contrario, si aumenta la recuperación de economías como China e India, aumentaría la demanda de crudo, lo que llevaría a ajustes en el mercado en busca de un equilibrio en los precios.
Por otra parte, la participación de Venezuela en la OPEP+ podría requerir una negociación, debido a que el control estadounidense sobre sus activos podría modificar los equilibrios internos dentro de la organización.
Si la producción y las exportaciones de crudo venezolano se reintegran a los mercados internacionales aumentarían la oferta, presionando los precios a la baja, en caso de que prevalezca un crecimiento mundial moderado y, por consiguiente, la demanda de crudo permanezca en niveles moderados o desacelere.
Por el contrario, si aumenta la recuperación de economías como China e India, aumentaría la demanda de crudo, lo que llevaría a ajustes en el mercado en busca de un equilibrio en los precios.
Por otra parte, la participación de Venezuela en la OPEP+ podría requerir una negociación, debido a que el control estadounidense sobre sus activos podría modificar los equilibrios internos dentro de la organización.
En caso de que se redirigiera una mayor oferta de crudo venezolano a EE. UU., algunos analistas consideran que se generaría una competencia entre crudos pesados, lo que reduciría la demanda de petróleo como el canadiense y el mexicano frente al venezolano y ampliando los diferenciales de precios frente a los crudos ligeros.
De acuerdo con datos de la OPEP3, se pronostica que para 2026, la demanda de petróleo crudo permanezca estable, proyectando un incremento de 1.4 millones de barriles diarios ante un crecimiento global de 3.1%; toda vez que, se prevé que, la demanda de los principales consumidores de petróleo como son Estados Unidos y China, se mantengan también estables de acuerdo con el pronóstico de crecimiento de sus economías (2.1% y 4.5%, respectivamente). Para India se estima que crezca en 6.6% y Rusia en 1.3% (a la baja). Estos pronósticos se apoyan en la normalización del comercio mundial, políticas fiscales de apoyo y ajustes monetarios graduales en las principales economías4.
Aunque la dependencia en los ingresos petroleros ha disminuido -de 9.8% del PIB en 2008 a 2.9% en 2024- siguen siendo relevantes para el erario: en 2024 representaron el 12.8% de los ingresos del sector público; no obstante, una reducción del precio de la mezcla mexicana por debajo del precio fiscal (54.9 dpb) estimado en la Ley de Ingresos de la Federación para 2026, implicaría menores recursos, reduciendo la recaudación y presionando el déficit fiscal.
Aunque este efecto podría estar parcialmente compensado con las menores importaciones de gasolinas y otros petrolíferos que han ido a la baja frente a una mejora operativa de algunas refinerías. Este efecto, a su vez compensaría una posible caída los ingresos de Petróleos Mexicanos (PEMEX) por exportaciones, ya que habría un menor gasto púbico en la adquisición de gasolinas y su balance sería menos adverso. Es de considerar que una baja en los ingresos de PEMEX reduciría las aportaciones fiscales que la paraestatal hace al gobierno, limitando la capacidad de este para financiar el gasto público, programas sociales e inversión pública sin recurrir a un endeudamiento adicional.
En los Criterios Generales de Política Económica 2026 (CGPE-26), la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) anticipa que el efecto de un dólar adicional en el precio del petróleo (estimado en 54.9 dólares por barril) incrementaría los ingresos petroleros en 11.6 mil de millones de pesos por exportaciones de petróleo más que el incremento de los gastos por importación de hidrocarburos para PEMEX. En caso contrario, equivaldría a una reducción.
En suma, las implicaciones fiscales dependerán del comportamiento de los precios del petróleo. Si bien en el corto plazo, como se analizó previamente, se anticipa una relativa estabilidad en los mercados; sin embargo, las tensiones geopolíticas, los riesgos comerciales y la evolución de la oferta global de crudo son los factores que podrían provocar episodios de volatilidad en los precios del petróleo y, por ende, afectar los ingresos públicos y el balance operacional de PEMEX.