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Enfrentando la realidad: el abuso sexual no conoce límites de especie


L.D.Renata Rubí Hernández Monter

Cómo aborrece el abuso sexual, pero solo cuando las víctimas son seres humanos, porque mientras no se haga daño a un humano, no pasa nada, no se lastima a nadie. Absurdo discurso, ¿no?

Hablemos de la falta de voluntad política y de poca conciencia social sobre la zoofilia y la bestialidad, actos que son equiparables a la pederastia porque las víctimas no pueden defenderse.

Ya lo sostiene así la Asociación Española de Psicología Clínica y Psicopatología al referir que los sujetos que realizan esta clase de abusos presentan similitudes con violadores y abusadores sexuales de niños, en tanto todos tienden a considerar sus prácticas sexuales como si fueran consentidas y a considerar que benefician a sus compañeros sexuales tanto como a sí mismos.

Indiscutiblemente, la ley, en ocasiones, termina siendo una herramienta decorativa cuando sus administradores no son lo suficientemente sensibles ante las víctimas, pero sí ante los victimarios porque no sirve de nada castigar si se hace a medias.

Esta es una constante en la impartición de justicia de todo tipo, en especial cuando se habla de abuso sexual. ¿Te imaginas lo complejo que es que un animal reciba justicia si el ser humano vulnera a los de su propia especie?

Pues así viven en la oscuridad y el silencio casos que ponen en evidencia la retorcida aceptación de esta práctica y de la cual, de forma extraordinaria y gracias a la denuncia social un caso de maltrato llegó a manos de Cuacolandia y su rescatista, Elena Larrea, quienes denunciaron y le dieron a "Mila" la cara bondadosa de la humanidad: el respeto.

"Mila", la potranca rescatada, se convierte, desde entonces, en un símbolo de lucha por la protección de los animales no humanos, dándole cara e historia a lo que miles de animales viven en la clandestinidad: el abuso sexual.

El caso de "Mila" no solamente nos enfrenta a una realidad incómoda, pero imperativa: la ausencia de leyes específicas que tipifiquen la zoofilia y la bestialidad en nuestro país, por ejemplo, Puebla, sino que nos coloca en la crítica hacia la falta de medidas para enfrentar la explotación animal para el trabajo y el turismo, por mencionar otras formas de violentar a los animales.

Este lamentable caso nos recuerda la urgente necesidad de que nuestra legislación evolucione y se adapte a las realidades cambiantes de nuestra sociedad.

Es un llamado a nuestros legisladores para que reconozcan la gravedad de la zoofilia como delito independiente, pero no excluyente de la crueldad animal, pues como Sendler lo manifiesta en la Comprensión Contemporánea de la Zoofilia: un Estudio de Encuesta Multinacional en la Revista de Medicina Forense y Legal, se considera que las prácticas sexuales con animales pueden definirse como forma de abuso sexual animal, sea que exista o no un vínculo afectivo o un daño evidente en el animal.

Este caso representa una oportunidad para establecer un precedente significativo en la lucha contra la zoofilia no solo en Puebla, sino en otras entidades federativas.

Tipificar estos actos y que los abusadores sean procesados y condenados envía un mensaje contundente: en nuestra sociedad, el abuso sexual hacia los animales no será tolerado y será castigado con todo el peso de la ley. Pero, más allá de un veredicto judicial, es fundamental que nuestras leyes reflejen nuestros valores éticos y morales como sociedad. Es un compromiso con el respeto y la dignidad de todas las formas de vida y una afirmación de nuestros valores como comunidad.

En última instancia, este caso desafía a reflexionar sobre nuestra relación con los animales y el tipo de sociedad que queremos ser. Es una llamada a la acción para que nuestros líderes políticos, autoridades responsables y la sociedad en general asuman su responsabilidad en la protección de los más vulnerables entre nosotros.

Es hora de que cada entidad federativa dé un paso adelante en la defensa de los derechos de los animales y en la construcción de un futuro más justo y compasivo para todos.

Las opiniones vertidas en este texto son responsabilidad única y exclusiva del autor o de la autora. 


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