“En la victoria hay que ser generosos. Pero en la derrota hay que tener dignidad”, afirmó Camacho Solís en 1999 en un documental de Clío. Aquel político audaz, en dos ocasiones, durante el mismo año, intentaría ser presidente. Y si la sangre no hubiera corrido quizá lo hubiera sido.
A un año de las elecciones presidenciales en México y un poco más para las estadounidenses, nos replanteamos lo que significa esto para el país. No sólo el entender los procesos democráticos como una forma de reafirmar los compromisos y principios que no únicamente a la nación refieren, sino a la comunidad internacional o a la misma humanidad.
En medio del vertiginoso avance de la era digital, es ineludible que nuestro gobierno tome medidas para aprovechar el potencial de los datos en su gestión. Pero ¿por qué es tan crítico para México adoptar una cultura de toma de decisiones basada en datos, o data-driven, en su sector gubernamental?
La región sur sureste del país está compuesta por los estados de Campeche, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Quintana Roo, Veracruz, Tabasco y Yucatán. En cuanto a sus características geográficas, tiene un clima predominantemente cálido, abundantes recursos naturales, agua y gran biodiversidad; sin embargo, es propensa a desastres naturales como huracanes, ciclones e inundaciones (zona del Océano Pacífico) y alta actividad sísmica (vertiente del Pacífico). En lo que respecta a la población, representa el 28% del total nacional, la cual se encuentra distribuida de forma dispersa, en zonas principalmente rurales, por lo que tiene baja densidad de 69 habitantes por km2 (siendo menor a la nacional de 75 hab/km2); además, cuenta con gran proporción de personas indígenas, que representan el 68% del total del país. (SEDATU, 2014).