Sin duda, el tema político más relevante de las últimas semanas es la propuesta de reforma electoral. Como ha venido sucediendo en los últimos años en el mundo, y México no es la excepción, los temas se ven en blanco y negro, en buenos y malos, en un todo o nada. Evidentemente no puede existir una construcción de acuerdos si la discusión pública se rige por esa medida.
Vivimos en un ambiente altamente polarizado y enrarecido. Cada día escuchamos alguna discusión o somos protagonistas de una sobre alguna declaración presidencial, sobre alguna conspiración, sobre la corrupción de antes o de ahora, sobre el presunto avance del país o sobre su destrucción eminente. Pareciera que vivimos en dos realidades contrapuestas y mutuamente excluyentes: Unos en la trinchera pro-AMLO, que celebran todo lo que hace y dice, y otros en la trinchera contra AMLO que descalifican cualquier acción o declaración que provenga de él. Entre ambas trincheras predominan adjetivos y descalificaciones, más que razones y argumentos.
Un convenio del gobierno de la CDMX con la plataforma Airbnb ocasionó una polémica con respecto a que el mismo contribuiría a incrementar el costos de la vivienda en la ciudad. La intención del gobierno era la de promover el turismo y se entendió que en realidad se promovía el incremento en el precio de la vivienda, ya que sería utilizada por los profesionales que pasan una temporada en la capital para trabajar.
Para poder entender cómo la tecnología puede disminuir la brecha existente entre las clases socioeconómicas en México, primero hay que definir qué es la movilidad social.