Uno de los aspectos más interesantes del ser humano es su capacidad de autocrítica, de ver el interior de sí mismo y poder emitir un juicio de valor respecto de su propia vida. Esa costumbre que nuestros padres o abuelos llamaban el “examen de conciencia”, que consiste en examinar nuestro día a la luz de la propia conciencia, nos ayuda a ser auténticos.
“Sacerdotes jesuitas asesinados en Chihuahua”; “La violencia provoca que más de 379 mil personas realicen desplazamiento forzado interno al año”; “La Segob confirma que 8 de cada 10 mujeres presas en México son víctimas de tortura”: estos son los titulares que día a día publican nuestros periódicos.
Una vez más nuestro querido México se ve inmerso en una de sus clásicas crisis de presidenciables. Las corcholatas se van juntando y cada vez más el cantinero se ve en aprietos para saber a cuál destapar. Los clientes son exigentes, la gente que llega a la recién transformada Taberna Mexicana está desairada con las mismas bebidas de siempre. Tequila, whisky, ron, mezcal, coñac, ya todo da igual, no hay ninguna sorpresa en la barra del bar.
A partir de la década de los 90, México comenzó con un escenario de violencia que el día de hoy parece no tener fin; al mismo tiempo, la inseguridad empezó a vislumbrar cifras nunca antes vistas.