No es extraño que el consumidor de pornografía se sorprenda cuando se le dice que el producto que consume está íntimamente ligado a una actividad ilícita, criminal y moralmente reprochable: el tráfico de personas.
Con la palabra infocracia se trata de nombrar algunas deformaciones que las redes sociales generan en la vida de una democracia. En su texto de 2021, Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia, Byung-Chul Han señala que la información y su procesamiento mediante algoritmos, sumado a la inteligencia artificial, determinan de manera decisiva los procesos sociales, económicos y políticos actuales. En su opinión, las personas son reducidas a datos, a perfiles y a potenciales consumidores de otros datos, sin necesidad de conocer su realidad off line. Sin duda, es una provocación exagerada, pero tiene el mérito de llamar la atención sobre el impacto político de las redes sociales.
En política no existen las coincidencias y el país no es la excepción; es evidente que algo está sucediendo en nuestro territorio si de “seguridad pública” hablamos. En los últimos años hemos observado cómo desde el gobierno federal se ha planteado una estrategia que no ha dado los resultados esperados.
Cuando estudiamos la historia de la democracia en distintos países nos podemos percatar que ha transitado por diferentes etapas; de acuerdo con cada país, puede ser más o menos violenta. En el caso de México resulta interesante analizar que el inicio por democratizar la vida pública ha estado marcado principalmente por la vía institucional, es decir por el reformismo electoral. Este proceso histórico puede verse claramente a partir de la Constitución de 1917, que creó la primera Ley Electoral del México posrevolucionario e institucional, con ello se pretendió avanzar hacia un sistema basado en la participación de la ciudadanía y los actores políticos, pero con autoridades electorales poco imparciales y sin autonomía en el ejercicio de su labor.