Mirada Cultural


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Wicked: Tu tan verde y yo tan rosa

Uno de los universos ficticios más populares del siglo XX (y XXI) es el mundo de Oz. En 1900, el estadounidense L. Frank Baum publicó la novela El Mago de Oz y publicaría hasta 14 libros que suceden en ese mundo (y a su muerte se continuaron hasta ser 40 libros, hoy que tanto se busca potencial de franquicias en las películas). Sin embargo, la primera historia del Mago de Oz marcaría la historia del cine al adaptarse en 1939 en la película homónima, dirigida por Victor Fleming y que impactó a los espectadores al estrenar la tecnología de Technicolor cuando Dorothy llega de su tierra de Kansas (en blanco y negro) al colorido mundo de Oz. Judy Garland (Dorothy) cantando Somewhere Over the Rainbow es un hito del cine y la película colocó a sus personajes en el imaginario colectivo.


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El poder transformador de Sor Juana

Niña prodigio, feminista de su época, mujer solidaria que luchó siempre por la libertad del pensamiento. Devota madre del verbo; es así como se define y reconoce a Sor Juana Inés de la Cruz. El 12 de noviembre, también día nacional del libro, se conmemoró su natalicio con un conversatorio en la Biblioteca de la Cámara de Diputados organizado por el Espacio Cultural San Lázaro.


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La Máquina: una historia de boxeo y amistad

Gael García Bernal y Diego Luna son dos de los actores mexicanos que en la actualidad han alcanzado el estatus de estrellas de Hollywood. Se dice fácil. Además, son buenos amigos. Juntos han emprendido proyectos como la productora Canana Films o el Festival de Cine Ambulante y, por supuesto, han actuado juntos. Antes de ser famosos, en la telenovela El abuelo y yo. Después, se hicieron icónicos en la galardonada cinta Y tu mamá también (2001), de Alfonso Cuarón, donde representaron a dos adolescentes cachondos que hacen un viaje a la playa junto a una mujer española mientras un narrador va exponiendo la realidad mexicana a su alrededor.


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Joker: Folie à Deux Triste locura (o la segunda parte del Quijote)

Los mitos son narraciones universales que resuenan en toda civilización. Los cómics han sabido retomar esos relatos siempre válidos materializándolos en superhéroes y supervillanos arquetípicos. Y el cine ha hecho lo propio a partir de ahí. Hace cinco años, con su Joker, Todd Phillips decidió interpretar a su manera el mito del Joker —el villano psicópata de la sonrisa infernal, el paradójico payaso malvado, pero también el loco incomprendido, el desecho de la sociedad que se revuelve contra ella— haciendo no una película de superhéroes (un género ya muy delimitado) sino una película scorsesiana sobre una persona alienada de la sociedad con fuertes problemas mentales. Gustó. Ahora la pirueta se complica —incluso volviéndose un musical, lo que tiene sentido como explicaré— pero en su esencia es la misma: estar loco no es divertido, estar loco no debería de ser inspirador ni liberador. Estar loco es triste, para el payaso y para la sociedad que lo rodea (ese testimonio en el juicio del colega del protagonista con enanismo).