Cada 14 de febrero, las calles se tiñen de rojo, los escaparates se llenan de corazones y las palabras amor y amistad se multiplican por todas partes. Pero detrás de esta celebración global, que mueve emociones y también economías, se esconden historias, leyendas, hasta hallazgos arqueológicos, pasando por curiosidades científicas que explican por qué el corazón late más fuerte cuando pensamos en alguien especial. El Día de San Valentín no es solo una fecha en el calendario, sino un mosaico de símbolos, tradiciones y descubrimientos que han dado forma a la manera en que entendemos el amor.
Cada 24 de febrero, México rinde homenaje a uno de sus símbolos más representativos: la Bandera Nacional. En ella convergen la historia, los valores y las luchas que dieron origen a nuestra nación. Sus colores ondean como recordatorio permanente de la independencia, la unidad y la soberanía del país. Sin embargo, detrás de este símbolo oficial existe una historia más amplia, construida desde los territorios, las comunidades y las regiones que también aportaron identidad y sentido al nacimiento de México.
Ya casi nadie menciona la justicia social como una legítima aspiración de los pueblos y tal parece que se fue desgastando en el etéreo universo de la utopía donde yacen algunas de las banderas revolucionarias impregnadas de cierto romanticismo. A mediados del siglo pasado se pensaba en ese estadio como una aspiración válida para la izquierda y como una figura retórica recurrente como recurso ideológico para pastorear las esperanzas de los ejércitos de trabajadores, pobres e idealistas principalmente de pensamiento pro socialista.
En un gesto histórico de reparación y memoria, el Congreso Mexicano declaró 2026 como el Año de Margarita Maza Parada, una figura clave en la construcción de la nación cuya contribución permaneció por décadas en la sombra