Decía Cristóbal Orrego que “son dos las grandes experiencias de la humanidad: el amor y la muerte”. Y para la mexicanidad, a mi parecer, amar es un acto de muerte. Ya sea que el amor empiece “por desasosiego, solicitud, ardores y desvelos” (Sor Juana Inés de la Cruz), en decirle al ser amado: “Te tengo hundida en el corazón, te llevo como un dolor amado y es imposible arrancarte de mí” (Octavio Paz a Elena Garro), o en no morir de amor, como Sabines: “No es que muera de amor, muero de ti”. Cual sea el caso que se viva, sentimos morir cuando amamos.
A propósito de estas fechas sumamente importantes, en este mes de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, y de la reciente marcha, no me gustaría perder la oportunidad, para hablar sobre este tema, ya que es importante y fundamental hablar de ello, y me gustaría dar mí punto de vista al respecto.
El arte y la cultura han sido fundamentales en la historia de México, desempeñan un papel importante en la identidad nacional, así como para el desarrollo de las y los mexicanos.
La participación política de los jóvenes en México es un tema relevante en la actualidad. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) ha realizado diversos estudios que demuestran la importancia de la participación política de los jóvenes en el país.